T. DOMÍNGUEZ VALENCIA
Dos forenses iniciaron ayer la autopsia del hombre cuyo cadáver semienterrado fue encontrado el lunes por la tarde junto al antiguo polvorín militar de Riba-roja, aunque, de momento, no han podido establecer las causas de la muerte, según ha podido saber Levante-EMV de fuentes de toda solvencia. Del estudio macroscópico apenas si se han obtenido datos de interés, ya que los restos óseos no tenían señales de golpes o arma blanca.
Tan sólo el cráneo presenta un pequeño orificio de bordes irregulares cuyo origen no ha podido ser establecido y que parece poco compatible con un disparo por dos razones: el orificio que deja un proyectil suele ser totalmente esférico y de bordes limpios, y, además, no había bala ni dentro del cráneo, ni en la fosa, cuya tierra fue completamente cribada por la Guardia Civil.
En cuanto a la fecha de la muerte, los forenses no han podido precisar cuándo se produjo. De momento, han abierto una amplia horquilla: de uno a cinco años. Esa inconcreción ha obligado a los investigadores a revisar las denuncias por desaparición desde 2004, labor que aún no ha dado sus frutos.
Además, la necropsia ha servido para determinar que al cadáver le faltan un brazo, una mano y varios huesos de la otra extremidad superior. Se trata, en todo caso, de una circunstancia poco relevante, dado que lo más probable es que hayan sido las alimañas, ya que la parte superior del cuerpo estaba enterrada a menor profundidad.