T. DOMÍNGUEZ VALENCIA
El artesano responsable de la fabricación de las dosis es un amante de las manualidades que requieren precisión. Y es muy bueno. De hecho, es un gran aficionado al montaje de todo tipo de naves y aeronaves de modelismo. Pero no siempre ha utilizado esa habilidad con fines legales. Hace dos años, los mismos agentes ya lo detuvieron en otra operación antidroga desarrollada en el barrio de Russafa, en Valencia.
En aquella ocasión ya sorprendió a los investigadores con el método empleado para ocultar la cocaína: en preservativos. El presunto traficante abría con precisión el sobre que contiene el condón rajándolo por un lateral, extraía el condón, desenrollaba el borde superior de látex y lo sustituía por una de sus bolsitas de cocaína termoselladas, moldeándola para reproducir el borde que acababa de deshacer. Luego, introducía el preservativo con sumo cuidado y sellaba nuevamente el sobre. Si un policía registraba a su vendedor o al comprador, se trataba de un simple condón. Igual que las pilas, los bolígrafos o los cigarros, que camuflaban dentro de un paquete de tabaco, entre cigarrillos auténticos.
Tras aquella redada, el artesano fue a prisión, pero al cabo de poco más de un año ya había obtenido la libertad provisional. Ahora, tras la operación Telecoca, ha regresado a la cárcel.
Al igual que ahora, el artesano no sólo creaba los modelos de dosis, sino, además, llevaba escrupulosamente la contabilidad de la red. La policía le encontró entonces un cuaderno con todos los asientos contables: cuántas dosis salía, cuántas eran devueltas,quién las había vendido y a cuánto. Aún así, el jefe controlaba todas las llamadas desde su PDA para evitar los engaños.