TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
«Es la red más importante y potente de cuantas hemos desarticulado en España en los últimos años por el volumen de droga que manejaba, la capacidad financiera y la forma de funcionar». Son palabras del comisario jefe de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) central, un policía bregado y con una dilatada experiencia en el desmantelamiento de grandes organizaciones de narcotraficantes.
Según explicó ayer la policía nacional, la red estaba liderada por un empresario saguntino «laureado por sus éxitos» mercantiles. Se trata de Rafael Rubén N. C., de 34 años, conocido por sus clientes gallegos como «Rafa el valenciano» y dueño de varias empresas de transporte, del sector inmobiliario, de un restaurante y de un centro de estética. Tal como adelantó ayer en exclusiva Levante-EMV, Rafael fue detenido cuando pasaba unos días en Carril —pedanía de Vilagarcía de Arousa, en As Rías Baixas gallegas—, en un chalé de lujo de su propiedad, uno de los muchos que poseía diseminados por distintos puntos de la geografía española.
La gran novedad del grupo desmantelado estriba en que es el primero que la policía detecta en el cual un español asume el papel que hasta ahora desempeñaban los narcos colombianos. Esto es, las redes españolas descubiertas hasta este momento actuaban como meros distribuidores a comisión de los productores de la cocaína: recibían el cargamento, lo ponían en circulación, se quedaban la comisión pactada y giraban el resto del dinero a sus legítimos propietarios en Colombia, Perú o el país de residencia del narco que la producía y enviaba a Europa.
Sin embargo, la red presuntamente liderada por el empresario saguntino compraba directamente la droga al proveedor en origen —el precio de los 586 kilos confiscados el miércoles en Valencia es de unos 18 millones de euros, lo que da una idea de su liquidez— y actuaba, supuestamente, como lo hacían hasta ahora los capos colombianos: contaba con una estructura propia que importaba, recogía y revendía la droga a distribuidores con capacidad para dar salida a lotes de entre 50 y 100 kilos.
Aumentaban un 20% el peso
Es más. Buena parte de la cocaína que el grupo importaba pasaba por un laboratorio en Fuentidueña de Tajo (Madrid) donde químicos especialistas adulteraban la droga de tal modo que aumentaban su peso en un veinte por ciento sin rebajar la pureza. Es decir, engañaban a sus cliente «cortándola» con una sustancia nueva que no era detectada con los reactivos habituales que el comprador aplicaba a la mercancía para verificar su calidad antes de pagarla.
Cuando la organización supo de este nuevo método de adulteración, confinaron a los «cocineros«, recién llegados de Colombia, durante varios días en Valencia para que demostrasen que era cierto lo que prometían.
La otra gran novedad de este grupo es que proveían a los clanes gallegos, algo nunca visto hasta este momento. De hecho, los capos arousanos eran quienes suministraban al resto de redes españolas.
La investigación la comenzaron hace más de un año los agentes antinarcóticos de la Udyco de Valencia y a ella han ido sumándose hasta cien agentes de Galicia, Madrid, Cataluña y Murcia, dada la complejidad y extensión de la red.
La gran mayoría de las 29 detenciones (17) y de los 40 registros (30) fueron practicados en la Comunitat Valenciana, concretamente en Valencia, Paterna, Azuébar, Segart, Soneja, Segorbe, Bétera, Olocau, Canet d´En Berenguer, Picanya y, principalmente, el Port de Sagunt.
Además de los 586 kilos de cocaína hallados en uno de los diez contenedores de PVC importados a nombre de una empresa valenciana, la policía halló 50 kilos más en el chalé de un distribuidor en Segorbe y 24,5 en casa de otro, en Soneja. Así mismo, les ha sido intervenido un millón de euros en metálico, ocho pistolas de fuego real, dos eléctricas, el yate de tres millones de Rafael N. C. y 17 automóviles, algunos de ellos dotados con habitáculos de apertura electrohidráulica para llevar droga o dinero.