EUROPA PRESS
Isidoro, el único acusado e imputado por el asesinato del tesorero de la Asociación de Fiestas La Purísima de Ontinyent (Valencia) en diciembre de 2003 se negó hoy a prestar declaración ante el tribunal de la sección quinta de la Audiencia Provincial de Valencia, y afirmó que tenía "problemas neurológicos". Por su parte, la propietaria de una administración de lotería que le suministraba los décimos a la entidad afirmó que el acusado le aseguró en una ocasión estar "muy cansado" de la víctima, y "con ganas de que acabara todo".
El acusado, para el que el ministerio fiscal pide una pena de 12 años y medio de cárcel por un delito de homicidio, y que pague una multa de 3.600 euros por un delito de simulación de delito, se mostró serio durante el desarrollo de la vista oral y sin mirar a ninguno de los testigos, entre los que figuraban miembros de la asociación y la dueña de la administración de lotería.
En general, la mayoría de miembros de la entidad aseguraron que eran conocedores de que se habían vendido para el sorteo de la lotería de Navidad de 2003 más papeles que décimos se habían reservado del número 12.997, pero ninguno de ellos pudo aportar ningún dato a cerca de las circunstancias de la muerte de la víctima --el fiscal recoge en su escrito que una discusión entre el acusado y la víctima por la gestión de la lotería había provocado la agresión y el fallecimiento--. Todos coincidieron en que el tesorero, la víctima, era "muy estricto" y "muy serio" con las cuentas.
Según comentó el entonces presidente de la asociación, el año en que ocurrieron los hechos contaban con un nuevo encargado de la lotería, el acusado, quien al ver que "se vendían muy bien" los 7.000 papeletas de lotería con los que solían jugar, le pidió vender 1.000 más. Éste le dio su consentimiento, "pero siempre que todo estuviera bien y que contara con los décimos suficientes".
Pasados unos días se enteró de que en la venta de las papeletas había "irregularidades", ya que faltaban unas 15,3 series que suponían unos 3.600 euros, y decidieron entonces quedar el día de la muerte del tesorero para liquidar las cuentas. Ese día, el 16 de diciembre de 2003, cuando se presentó en la sede, donde era el encuentro, se encontró con la Policía y alguien le dijo que el tesorero "había sufrido un infarto". Afirmó que llegó tarde a su cita porque estaba jugando al tenis, y que no sabía nada de las causas de la muerte de su compañero.
El vicetesorero de la asociación, que también prestó declaración ante el tribunal, indicó que era conocedor del "problema" con la lotería ya que el acusado le dijo que no tenía suficientes décimos y que estaba intentando "solucionarlo", pero concretó que "no era algo que supiera toda la junta".
Por su parte, el ex encargado de la asociación --anteriormente imputado en la causa--, quien cedió su cargo al acusado porque se le "amontonaba" el trabajo, aseveró que desconocía el hecho de que hubiera un "descuadre" en las cuentas, y negó que hubiera tenido algún "incidente" con la víctima, a pesar de que el acusado lo aseguró en su declaración.
"Nunca tuve ningún problema con el tesorero, nunca discutí con él", afirmó el ex encargo, quien describió a éste como una persona "muy estricta con la contabilidad, muy recta". Afirmó que el día en que ocurrieron los hechos sabía que había una reunión para liquidar las cuentas pero señaló que a él no le habían comunicado que asistiera.
"UN POCO DESASTRE"
La dueña de la Administración de Lotería número 1 de Ontinyent afirmó, en su declaración, que el acusado fue "un poco desastre" con las papeletas y décimos de lotería, a pesar de que le explicaron cómo funcionaba, hasta que se dieron cuenta de que "no podía hacer frente a todo lo que estaba vendiendo".
Entonces, según dijo, le comentaron que parase de vender o que retirase papeletas, puesto que si tocaba el número elegido "no iban a poder hacer frente a las reclamaciones". Seguidamente, el acusado les aseguró, el 15 de diciembre, que ya estaba "todo solucionado", aunque cuando les fue a pagar, les comentó que no podía porque el talón sólo contaba con su firma y no se podía hacer efectivo.
En ese momento, Isidoro estaba "un poco nervioso" y le dijo que estaba "muy cansado" del tesorero, y que tenía "muchas ganas" de que acabara "todo eso". Afirmó que no había visto ningún descuadre de esas características desde que empezó con la administración del establecimiento, en 1992, "a pesar de que se le advirtió del descuadre en muchas ocasiones".
El juicio, que continuará mañana, martes, con la comparecencia de nuevos testigos, se retomó hoy tras más de cinco años desde que ocurrieran los hechos, y después de un aplazamiento el pasado mes de junio de 2009.