T. DOMÍNGUEZ/I. CABANES
«El barco se hundió en veinte segundos. Fue todo muy rápido. Pensábamos que no íbamos a poder salir vivos. Lo raro es que nos quedáramos más personas allí dentro». Es el resumen telegráfico de la tragedia del Mar Rojo que realiza Alberto Alcalá, uno de los doce españoles que sobrevivió al naufragio del Coral Princess, el barco en el que viajaba el matrimonio valenciano formado por Israel Pérez Muñoz y Lourdes González Peñarroya, y que aún permanece desaparecido en aguas del Mar Rojo, en Egipto.
Su esposa, Rosa Agudo, explicó ayer a Levante-EMV que su marido y su hija apenas pueden contar aún la historia. Como el resto de los supervivientes. «El primer día me llamó a las siete y media de la mañana, hora española, unas tres horas y media después del accidente. Acababan de rescatarlos del agua. No me dijo casi nada, sólo lloraba. Mi hija acertó a contarme alguna cosa más. Los dos lloraban y casi no hablaban. En las siguientes llamadas, ya comenzaron a explicar lo que había pasado. Y seguían llorando».
Alberto Alcalá, de 42 años, y su hija Sara, de 18, realizaban su primer viaje juntos y solos al extranjero para dedicarse a la afición que compartían, el submarinismo. La familia reside en la madrileña localidad de Rivas-Vaciamadrid, pero «desde hace años» les vincula «una gran amistad con Antonio», uno de los instructores del Club Dolphin´s de Xàbia que acompañaba al grupo de buceadores en el viaje al Mar Rojo, por lo que las escapadas a la costa alicantina son frecuentes.
Rosa explicó ayer el relato que ha ido escuchando por boca de su marido, con quien ha logrado contactar «primero con los teléfonos que les dejaban los periodistas y luego con los de la Embajada». Todas sus pertenencias –ropa, dinero, documentación, móviles– yacen en el fondo del Mar Rojo, que en el área del hundimiento alcanza simas de hasta 1.500 metros, lo que complicará extraordinariamente el rescate de Israel y Lourdes.
Minutos de desesperación
«Eran las cinco de la mañana de allí. Los cogió a todos durmiendo. Alberto se despertó porque escuchó el ruido de algo que cayó al suelo. Vio que el barco estaba mucho más inclinado que antes y subió a cubierta. Allí estaba ya Jorge, el otro instructor del Dolphin´s. En ese momento, el barco empezó a hundirse. Sara estaba durmiendo. Mi marido fue corriendo a por ella y la sacó. Fue cuestión de segundos. Fue todo tan rápido, que ni siquiera pudieron avisarse entre ellos. Se subieron todos a la parte más elevada del barco, que se ponía vertical. La tripulación estaba histérica. No tenían ni idea de qué hacer. Uno de ellos incluso trató de arrancarle el chaleco salvavidas a una de las chicas, porque allí la gente no sabe nadar. El capitán ni siquiera hizo sonar la sirena. Nada de nada».
Jorge y Antonio asumieron el mando. Se repartieron chalecos y se lanzaron las dos zodiac al agua. «Estaban apiñados en lo alto del barco. No podían saltar al agua porque los motores seguían en marcha y los habría destrozado. Cuando se pararon, saltaron y se metieron en las lanchas. Alberto y Sara se cogieron al borde de una de ellas.
De pronto alguien gritó que se lanzaran todos al agua, porque la zodiac se había quedado enganchada al barco y éste se estaba hundiendo a toda velocidad. Fue un momento de desesperación. Estaban todos flotando, sin verse, en plena oscuridad. No se sabía quién estaba y quién no. Mi marido perdió a Sara de vista y empezó a asustarse, hasta que alguien le gritó que se tranquilizara, que estaba con él. Fue horroroso».
«Después», prosigue Rosa, «se subieron a la segunda embarcación neumática. Fue en ese momento cuando hicieron recuento y supieron que Israel y Lourdes no estaban. Hundidos, esperaron la llegada de los servicios de rescate que tardaron más de dos horas en aparecer. Allí les dieron ropa. Había algunos en bañador, otros en ropa interior. Un desastre».
Las deficiencias del barco
Tanto Rosa como Antonio García, el instructor del Dolphin´s con quien habló ayer este diario en conversación telefónica, coinciden, al igual que el resto de testigos del accidente, en denunciar el mal estado del barco en materia de seguridad. «Las bengalas estaban caducadas, no había suficientes chalecos salvavidas y la embarcación navegaba escorada desde el primer momento. El capitán repetía: «No problem, no problem». Pero era evidente que eso no era normal».
De todos modos, Rosa insiste en que «esas deficiencias no debían notarse hasta que pasó todo, porque si Jorge o Antonio, que tienen una gran experiencia, hubieran creído que había peligro, jamás habrían permitido que el grupo subiera a la embarcación».
Una pareja del Port de Sagunt sobrevivió al naufragio del Mar Rojo
Israel y Lourdes, el matrimonio de Benimaclet desaparecido en el accidente y que había elegido el viaje a Egipto para celebrar su segundo aniversario de bodas, no era la única pareja valenciana a bordo. Ayer trascendió que había dos jóvenes más, aunque por fortuna lograron ponerse a salvo antes del naufragio definitivo del Coral Princess. Se trata de un chico llamado Emilio y de su novia, residentes ambos en el Port de Sagunt. Un familiar del joven saguntino declinó anoche realizar declaraciones a este diario, ya que, según dijo «están bastante nerviosos y sólo quieren tranquilidad tras conocer lo sucedido. Sabemos que está bien, y eso es lo importante. Ahora, queremos verlo aquí, en casa». i. c./m. a. valencia/sagunto