VORO CONTRERAS VALENCIA
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A las 19.15 horas de ayer, Emilio Cebrián y Mari Carmen Lázaro, la pareja de Sagunt que viajaba con el matrimonio de buceadores valencianos desaparecida al hundirse su barco en aguas del Mar Rojo, salían sin apenas equipaje por la puerta número 2 del aeropuerto de Manises tras un vuelo desde El Cairo con escala en Madrid. Allí les esperaban sus familias, y frente a todos su hijo de poco más de un año de edad que reía mientras sus padres le abrazaban con lágrimas en los ojos. Hacía una semana que no se veían, y durante este tiempo Emilio y Mari Carmen han vivido, a miles de kilómetros del pequeño, una de las experiencias más duras de su vida. La emoción era inevitable.
Pero minutos después, sus palabras apartaron esa emoción, primero para recordar, después para expresar agradecimiento y, por último, para pedir respeto.
El recuerdo es para intentar explicar lo ocurrido la madrugada del pasado jueves. "Fue todo muy rápido, cuestión de tres minutos desde que salimos del camarote -explica Mari Carmen-. No nos dio tiempo de llamar a nadie, nadie nos avisó. Estamos vivos de milagro". "La suerte es que todos somos buceadores con experiencia -añade Emilio-. Reaccionamos como un equipo, formamos una piña y nuestros únicos pensamientos eran salvarnos, salvarnos y salvarnos".
La indignación es con la tripulación del Coral Princess y con las autoridades egipcias, al menos las que se han ocupado de investigar por qué naufrago la embarcación, llevándose con ella a Israel Pérez Muñoz y Lourdes González Peñarroya. "No había mala mar, el barco no chocó con nada. Fue una negligencia del capitán", asegura Emilio.
"Allí no están preparados para reaccionar ante un accidente como éste -afirma a continuación su mujer-. Todo lo solucionan con un "no problem". Si estamos vivos ha sido porque supimos reaccionar como un equipo, organizarnos rápido y tratar de salvar a todos los compañeros que pudimos". "A quién sí queremos agradecer es al consul honorario y a su mujer. Los dos nos han ayudado mucho, tanto moral, como física como emocionalmente".
Y, por último, el respeto es para Israel y Lourdes y para su familia. "Eran nuestros compañeros y, por desgracia, ya no están con nosotros. Es imposible tratar de imaginar lo que ahora estarán pasando los suyos".