M. PÉREZ GANDIA
Luis Miró no puede conciliar el sueño. Está en su casa y desde la cama atiende el teléfono. Aunque es un hombre de pocas palabras, su voz entrecortada y los silencios denotan lo que pasa por su mente cuando habla de lo que le ha sucedido a él y a sus compañeros de viaje en Egipto. Este gandiense ha sido quien durante más tiempo hubo de declarar ante las autoridades egipcias, al ser la última persona que vio con vida a Israel Pérez y a Lourdes González, poco antes de que el Mar Rojo los engullera.
"Salí del barco en el último segundo. A Israel no le dio tiempo a nada", explica el superviviente, quien encontró una ventana por donde poder, al menos, intentar alcanzar la superficie. "Era la única solución que teníamos, salir por la ventana. No había más. O eso, o te quedabas allí", explica Luis, al tiempo que mira su pie, con el que se sirvió para obtener un empuje que le sacara de las profundidades. Al quedarse atascado pisó el marco de la ventana y se produjo una herida que requirió cinco puntos de sutura.
Tragando agua y a oscuras intentó buscar una salida. El tiempo y la falta de oxígeno corrían en su contra. En veinte segundos el "Coral Princess" se hundió, por lo que "nos dábamos un minuto de vida", relata el gandiense quien recuerda que "Israel me dijo: "Luis no salimos de aquí"".
Los momentos más complicados los relata con una profunda tristeza. "Fue una decisión de un segundo. Yo la tomé y salí, pero Israel se paró y volvió en busca de su mujer". Él fue la última persona que los vio con vida.
Lourdes "estaba histérica a consecuencia de lo que decían que estaba pasando. Su marido le dijo que no saliera del camarote mientras íbamos a ver lo que sucedía", recuerda Luis, quien señala que "justo en el momento en que dijo eso, se rompieron todas las ventanas y empezó a entrar agua. En pocos segundos, el barco se hundióÉ".
"Se quedaron dentro"
Luis, como el resto del grupo, lleva años practicando buceo, por lo que, afirma, "soy bastante frío y creo que es lo que me ha salvado. Tanto Israel como yo estábamos tranquilos, pero si algo fallaba nos quedábamos y eso lo sabíamos".
El motivo que les impulsó tanto a Luis como a Israel a salir por la ventana fue descubrir que, mientras se hundía el barco, por el ojo de buey entraba agua, lo que significaba que podía haber una remota posibilidad de alcanzar la superficie. El gandiense tiene claro que "si Israel o Lourdes hubieran logrado salir, está claro que habrían emergido a dos o tres metros de mí, por lo que creo que casi seguro que los dos están dentro del barco".
Salir de aquel infierno no era fácil y más aún cuando tenían que nadar contra la corriente que provocaba la embarcación al hundirse e intentar buscar una salida, "tropezando con todo y nadando entre sillas y mesas, todo a oscuras".
El domingo llegó a su casa del Grau de Gandia y desde entonces no duerme mucho. "Casi nada, porque me viene a la mente todo lo que pasó", explica Luis Miró, a quien le asaltan las imágenes del momento más duro. "Fue un infierno. Apenas había luz, la última vez que miré, Israel se giró y ya no lo volví a ver. Sé que he vuelto a nacer".
Respecto al hecho de que el capitán del barco esté detenido, como publicó ayer Levante-EMV, el superviviente recuerda que, tras la maniobra de poner a toda máquina el barco, el capitán fue el primero en saltar por la borda y abandonarlo, y que tuvo que ser su hijo quien lanzara los botes salvavidas.
"Los de rescate no hacían caso"
Cuando el "Coral Princess" se fue a pique, "se tragó literalmente las zodiac, incluso una de las lanchas, por la presión, emergió del mar y golpeó a algunos náufragos. Estaba cortada y sólo se pudieron amarrar a ella", ha narrado Miró, a quien todavía le aguardaba la experiencia de ver cómo los servicios de rescate hacían caso omiso de "dos chicas que habían sufrido hipotermia. Se pararon a 50 metros de nosotros y no querían cogerlas ni acercarse. Fue algo horrible".
Eso sí, Luis Miró ha querido agradecer el trato recibido por dos voluntarios de la Embajada Española, Gema y su marido Yaser, "que nos hicieron de traductores, nos prestaron sus teléfono y nos proporcionaron ropa. Incluso se pelearon con el hotel para que nos realojaran".
"Si el capitán hubiese tenido dos dedos de frente, habría parado"
Tanto Luis Miró como la mayoría del grupo son buceadores y expertos conocedores del mar. El gandiense ha relatado que "no pensaba que el barco fuera a hundirse" y añade que "si el capitán hubiera tenido dos dedos de frente, hubiera parado el barco y éste se hubiera estabilizado, pero no, lo puso a toda máquina, se escoró y comenzó a entrar agua, por eso se hundió tan rápido".
El gandiense estaba en su camarote, contiguo al de Israel y Lourdes. Estaban durmiendo y "me despertó la gente que estaba discutiendo si había agua o no. Me levanté. Llamamos a uno de la tripulación, bajó, miró lo que sucedía y desapareció". De hecho, recuerda que no les dio tiempo a subir a la planta de arriba. "Las puertas estaban cerradas y el barco se escoró 90 grados. Al colocar mi mochila en el camarote, por la ventana vi el nivel del agua. Ya era tarde, pero se hubiera podido estabilizar el barco y evacuar la nave, que no tenía ni chalecos salvavidas". Y agrega: "No había mal tiempo, las olas eran las típicas de metro y medio y la brisa la normal de las cinco o las seis de la mañana". El hecho de no parar los motores retardó la evacuación y aceleró el hundimiento. m. p. gandia