IGNACIO CABANES VALENCIA
Las probabilidades de sobrevivir a una descarga eléctrica de 138.000 KVA son tan remotas que muy pocos pueden contar su experiencia. Por suerte, Miguel Ángel García sí que podrá decirle a sus dos hijos pequeños que él sobrevivió a una sacudida de miles de kilovoltios un 26 de noviembre de 2009.
"Es un milagro que esté vivo pero la verdad es que no me enteré de nada", asegura Miguel Ángel G. M., a través del telefonillo de la Unidad de Quemados del Hospital La Fe de Valencia donde permanece ingresado. Este hombre de 40 años sufrió una importante descarga eléctrica el jueves en Sagunt, al rozar un tendido de alta tensión cuando instalaba unas ventanas subido a una grúa, como informó ayer en exclusiva Levante-EMV. "Me han dicho que seguramente entré en el arco de acción de la electricidad porque no recuerdo haber tocado ningún cable", explicó este operario de Godelleta.
Miguel Ángel es consciente de que ha tenido mucha suerte y que las molestias de las quemaduras en el rostro son un mal menor dentro de lo que podía haber pasado. "Estoy bien, con ganas de volver a trabajar". "Fue muy raro, no me dí cuenta de nada, no sentía dolor", argumenta, "es muy distinto a si te haces un corte o te quemas la piel", prosigue. "Me quedé en blanco".
Sellando las ventanas
Cuando se produjo el accidente Miguel Ángel, que se dedica a la carpintería metálica, estaba subido a una grúa, a unos cinco metros del suelo, terminando de sellar las ventanas de una residencia de ancianos de Sagunt. "Recuerdo haber movido la cesta y después nada, un vacío", explica. Cuando recobró el sentido ya estaban los bomberos bajándolo. "Debí de estar una hora inconsciente dentro de la cesta", calcula.
Al parecer, rozó con la cabeza el arco eléctrico que envuelve al cableado. "Según me han dicho no hace falta que lo toque, que a un metro ya te da la corriente", explicó Miguel Ángel. Después, "la grúa actuó de toma tierra" y la electricidad bajó por el brazo metálico de la máquina hasta el bordillo. "Hizo saltar la tapa de una alcantarilla como si fuera una explosión".
Una vez en la ambulancia, y tras recobrar el sentido, Miguel Ángel telefoneó a su mujer. "Cariño, he tenido un pequeño accidente", le dijo a Ana para que no se preocupara.
La descarga le provocó quemaduras de segundo grado en el rostro y en el cuero cabelludo. Además, desde entonces no puede abrir los ojos. "Le molesta muchísimo la luz", explica su mujer. "Si mañana comprueban que le ha bajado la inflamación de los ojos le darán el alta", apuntó Ana.
"A la próxima vez miraré si hay cables cerca antes de subirme a la grúa", confesó esbozando una sonrisa.
La corriente pasó por la estructura metálica
Una de las personas que alertaron a los bomberos después de producirse el accidente asegura que intentó bajar la cesta de forma manual pero la corriente había quemado los mandos de la grúa. Hasta la llegada de los bomberos este hombre recuerda que estuvo haciéndole preguntas al accidentando, y éste le respondía. Sin embargo, Miguel Ángel no recuerda nada de ello e incluso asegura que estuvo inconsciente una hora. "Me desperté cuando ya estaban los bomberos", confiesa.
Los familiares de Miguel Ángel cuestionaron el hecho de que el tendido eléctrico de alta tensión estuviera tan cerca de un edificio. "Un cable de esas características no debería pasar tan cerca de la fachada", criticó su cuñada.