IGNACIO CABANES VALENCIA
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Con la boina en una mano, sin esposas y cabizbajo, sin levantar la mirada del suelo. Así salía ayer de la sala del Juzgado de Instrucción número dos de Picassent, camino de la prisión, Matías Díez, el hombre de 86 años acusado de matar a su mujer, Mercedes Beltrán, en Catadau, la noche del lunes. El presunto homicida confesó los hechos ante el juez y se reafirmó en su versión de que "querían envenenarlo". No obstante, alegó que no tenía intención de matarla y que cuando se dio cuenta de que su mujer estaba muerta, pensó que había cometido "una barbaridad".
El titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Picassent, competente en materia de Violencia sobre la Mujer, acordó el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza del acusado después de tomar declaración tanto al imputado como a su hijo, que habló como testigo al ser la primera persona a la que el presunto homicida alertó tras su crimen.
Un forense examinó al detenido
Matías Díez llegaba a los juzgados de Picassent a las 10 horas de ayer, después de pasar la noche en los calabozos del cuartel de la Guardia Civil de Llombai. No obstante, antes de ser conducido a declarar, un médico forense le realizó un examen psiquiátrico preliminar para corroborar que el detenido se encontraba en condiciones de prestar testimonio.
Una vez en la sala, el acusado, que no pudo prestar declaración ante la Guardia Civil por su estado, explicó ante el juez lo ocurrido la noche del crimen. En ese acto, estuvieron presentes el fiscal, el abogado defensor y el letrado de la familia, que se va a personar como acusación particular.
"A mí nadie me falta el respeto", declaró el acusado intentando justificar su brutal crimen. Faltaban pocos minutos para las nueve de la noche del pasado lunes cuando el matrimonio, que llevaba 50 años de convivencia, inició una discusión, motivada nuevamente por la falsa creencia de que ésta le envenenaba.
Según la declaración del acusado, su mujer, durante la citada discusión, le dijo que era una "carabassa" y que ésa iba a ser "su última comida". El octogenario admitió que eso le molestó, y que entonces salió al patio y cogió una palo de madera.
Posteriormente regresó al comedor, donde estaba su mujer, y la golpeó varias veces, sin recordar cuántas. "No quería matarla; era para asustarla", alegó el acusado.
Según ha podido saber éste periódico, durante su agresión el acusado gritó a su víctima: "A ver si me vuelves a faltar".
Después de matarla se sentó en el sillón a ver la televisión. No fue hasta las tres de la madrugada cuando alertó a su hijo de lo ocurrido. Según el acusado, no avisó antes para no armar jaleo y que la casa no se le llenara de curiosos.
Un psiquiatra forense evaluará el estado mental del acusado en los próximos días y la medida de prisión podría ser sustituida por un internamiento en un centro psiquiátrico.