TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
En apariencia, el robo masivo de cable de cobre es un delito circunscrito a ciertos clanes de ladrones de poca monta, pero nada más lejos de la verdad. La realidad ha demostrado que es uno de los delitos más organizados y con mayor repercusión económica y social, porque cada asalto conlleva pérdidas millonarias para entidades y organismos tanto públicos, como privados. Sólo a lo largo de este año, la Guardia Civil ha detenido en Valencia a 33 implicados en los robos y venta de cobre sustraído. En este tiempo, el instituto armado ha contabilizado 252 casos de robo de este preciado metal.
Desde el alumbrado de los municipios, al cableado eléctrico ferroviario, pasando por los tendidos telefónicos y los sistemas de riego, nadie se libra de las hordas de ladrones del llamado oro rojo. Y últimamente, han vuelto a resurgir.
La razón es obvia: si el precio del cobre asciende en progresión geométrica, los robos hacen lo propio. Y a la inversa. Es directamente proporcional. Tanto es así, que en los últimas dos meses, las sustracciones de cableado han vuelto a subir, exactamente en paralelo a los precios del cobre -tras un bajón que se mantuvo entre abril y septiembre, cuando cotizaba en la London Metal Exchange (LME) a 5.000 dólares la tonelada, el precio de este metal se ha ido encareciendo hasta situarse en este momento en los 7.000 dólares por tonelada-.
Los robos de cobre comenzaron a incrementarse de forma alarmante a partir de 2006 y 2007, pero no sólo en España. En Europa, Alemania, Austria y Hungría llegaron a registrarse graves problemas incluso de seguridad nacional, porque el cobre está presente en servicios básicos para la población como la electricidad y las comunicaciones -ferroviarias, alumbrado de carreteras, telefoníaÉ-.
En Chile, el principal productor de cobre del mundo -centraliza el 80 por ciento de la producción del planeta-, Argentina y Méjico, los legisladores estuvieron a punto de redactar leyes específicas para corregir lo que se entendió como una grave lacra económica y estratégica.
La sombra del gigante chino
Pero, ¿cómo empezó el furor por el "oro rojo"? El despegue económico de gigantes como China, pero también India, ha provocado desequilibrios en distintos sectores de la economía global. Y el cobre es un buen ejemplo de ello.
Desde 2003, el precio de este metal no ha dejado de subir, hasta alcanzar cifras históricas a mediados del año pasado -en junio llegó a cotizar a 9.000 dólares por toneladas, y fue el momento de mayor número de robos-. En aquel año, hace seis, China e India aumentaron extraordinariamente su demanda de cobre, lo cual, unido a los constantes conflictos laborales en las minas chilenas -que aún perduran-, causó una revolución en el precio del cobre.
Cuando la Bolsa londinense vivió el hundimiento del precio del cobre -de los 9.000 de junio de 2008, se desplomó hasta los 3.500 en septiembre, y llegó a bajar hasta 3.000 en diciembre-, los robos descendieron en todo el mundo.
Es un claro ejemplo del efecto mariposa. Lo que ocurre en los parqués de las bolsas más influyentes del mundo acaba condicionando la agenda del ladrón que malvive en un asentamiento ilegal del extrarradio de cualquier ciudad española, entre ellas Valencia. Y últimamente se vuelve a pagar suficientemente bien como para que el caco,que suele trabajar para un grupo organizado y estructurado, salga en busca del cobre que luego sus jefes venden en chatarrerías que lo funden y lo exportan a través de empresas absolutamente legales, reintroduciéndolo de nuevo en el mercado.
Los canales que se repiten
Aunque el precio de mercado es claramente el primer factor que incrementa o reduce los robos, hay otro que también merece la pena ser destacado: la acción policial. El inesperado aumento de las sustracciones y sus consecuencias económicas llevaron a la Guardia Civil a poner un especial empeño en la erradicación de esta práctica. Y, como siempre, se fue a la línea de flotación: el lucro. ¿Quién se beneficiaba de los robos?
En primer lugar, el ladrón, obviamente. Pero tras él se abre todo un mundo de beneficiarios del robo de cobre. En varias campañas sucesivas, el Seprona controló numerosas chaterrerías, algunas de las cuales -casi siempre, las mismas- llegaron incluso a ser cerradas. Pese a ello, en cuanto ha subido el precio del kilo, los robos han reaparecido.