R. LAGUNA VALENCIA
El informe de los peritos judiciales fue concluyente: "Es muy improbable un incendio accidental del vehículo, según la versión de los hechos dada por el procesado". Los hechos son la muerte de María del mar Espinosa el 22 de mayo de 1995, cuando volvía de un viaje con su marido, Joaquín R. P., en la A-7 a su paso por Favara.
El coche se salió de la vía y se incendió. La mujer murió quemada viva y su esposo, Joaquín R. P.., acusado de un delito de asesinato, salió ileso. Sólo logró salvar el bolso de la fallecida con sus tarjetas de crédito. En una de ellas había vinculado un seguro de vida. No era el único. Días después del entierro, el viudo fue a reclamar los seis seguros de muerte por accidente firmados por su esposa poco después de su matrimonio, nueve meses antes, con él como único beneficiario y que sumaban casi un millón de euros.
En la penúltima vista del juicio -el segundo contra Joaquín- celebrada ayer en la sección quinta de la Audiencia Provincial de Valencia, se realizó un careo con todos los peritos. Los más combativos fueron los peritos designados por el juzgado, dos profesores de la Universidad Politécnica de Valencia que realizaron un informe en el que contradicen las conclusiones a que llegó la Guardia Civil. Tras el atestado, aquélla concluyó que el coche se salió de la vía al perder el control el conductor a 120 km/h -"salida en ángulo suave"- y se incendió por el accidente y que la fuente de ignición fue el catalizador.
Los peritos del departamento de ingeniería mecánica y de materiales de la Politécnica concluyen que el coche circulaba "a baja velocidad y con trayectoria controlada", y niega que ello sea compatible "con la versión del accidente" que da el procesado, ya que el coche no tenía apenas daños. También niegan que el coche se incendiara de forma accidental por las protecciones del catalizador y su separación con el depósito de gasolina, que impide que entren en contacto, excepto si se "lanza el combustible".