TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
Cuatro años de cárcel. Ésa es la pena que aceptará Salvador S. T. ante la Audiencia de Valencia por el homicidio del que fuera su suegro, Ramón P. E., cometido el pasado mes de junio en el chalé de la víctima, en Torrent, cuando el presunto homicida intervino porque Ramón estaba agrediendo sexualmente a su hija Sandra P. L. Cuatro días después del crimen, Salvador se deshizo del cuerpo arrojándolo al pantano de Jérica, tras haberle seccionado las manos y la cabeza.
El acuerdo entre Fiscalía y defensa, que incluye la absolución de Sandra, no se formalizará técnicamente hasta el día de la vista oral, la cual no llegará a celebrarse porque será en ese momento cuando firmen la conformidad por la que Salvador aceptará los cuatro años de cárcel, de los que ya ha cumplido siete meses.
Sin embargo, en la práctica, el trato ya existe mediante la calificación fiscal de los hechos, a la que ayer se adhirió en todos su términos el abogado defensor de Salvador. De hecho, en su propio escrito provisional de calificación, la defensa ha renunciado a practicar cualquier prueba, porque comparte al milímetro la exposición de hechos de la fiscal que ha seguido el caso.
Trastorno mental y confesión
El día del crimen, el 1 de junio de 2009, Salva y Sandra, junto a su hijo pequeño -que sufre una discapacidad psíquica-, acudieron a la casa en la que vivía Ramón, de 78 años, en la urbanización El Pantano de Torrent, para que ella le echara un vistazo a las úlceras que tenía su padre en las piernas. Por enésima vez, cómo relataría ella ante la Guardia Civil primero y ante la juez y la fiscal, después, Ramón abusó de Sandra, a quien arrancó la camiseta y luego agarró por los muslos. Ella salió corriendo y gritando al patio. Salvador, que esperaba en la calle junto con el niño, la oyó y entró. Al ver a su mujer, explica la fiscal, "desnuda de cintura para arriba" y "perseguida por su padre, que sólo llevaba unos calzoncillos", supo que había vuelto a ocurrir. El acusado "presa de una gran excitación que determinó una alteración de los sentimientos y emociones, y limitó su capacidad volitiva, cogió un palo y golpeó a Ramón en repetidas ocasiones en la cabeza produciéndole la muerte". En los días siguientes, se deshicieron del cadáver y el lunes, Salvador se entregó a la Guardia Civil y confesó los hechos.
La representante del Ministerio Público considera que en favor del acusado concurren dos circunstancias que deben modificar a la baja la pena originaria que le correspondería a un homicidio.
En primer lugar, aprecia la eximente incompleta de trastorno mental transitorio, basándose en la ofuscación que le produjo ver a su mujer, semidesnuda, perseguida por su padre, el hombre que había estado abusando sexualmente de ella desde los cinco años de edad. El ansia por protegerla del ataque de su padre le hizo golpearle hasta causarle la muerte con lo primero a lo que echó mano, una barra tirada en el patio de la casa.
Además, admite la atenuante de confesión, ya que cuando Salvador acudió a la Comandancia de Valencia junto con su abogado para confesar el crimen, la Guardia Civil de Castelló no había logrado ni un avance en la investigación -el cadáver decapitado había sido encontrado el sábado en Jérica-. Es más, supieron del lugar donde se encontraban la cabeza y las manos porque él lo reveló y se lo indicó.
"El simple olor de mi padre me bloqueaba"
El descubrimiento del cuerpo decapitado de Ramón (en la foto) fue sólo la punta del iceberg de un drama familiar que se había mantenido en el anonimato durante decenios. El crimen acabó siendo el catalizador que Sandra necesitaba para revelar, por primera vez en sus 35 años, todos los detalles del horror vivido desde los cinco años. Durante seis lustros, calló las violaciones y vejaciones a las que la sometió su progenitor y que la llevaron a afirmar, en declaraciones exclusivas a Levante-EMV, que "el simple olor de mi padre, me bloqueaba" o que "era un monstruo. Nos ha destrozado la vida a todos". t. d. valencia