J. M. RAMBLA VALENCIA
"Lo importante ahora es que no le pase nada al chico". Ésta era ayer la principal preocupación entre los vecinos de Francisco Vicente en el Port de Sagunt. Así lo verbalizaba una de sus vecinas, posiblemente la última persona que vio al hombre antes de ser secuestrado. La víctima tiene una empresa de construcción en el Port. "Cuando volvía del trabajo, me crucé con él que también regresaba, eran las tres y media, nos saludamos, la calle estaba vacía y yo entré en casa. Luego, de repente, empezamos a escuchar gritos", recuerda. Una alarma que llevó a los vecinos a las ventanas y a la calle.
Esta vecina explica que salió de casa, junto a su hermana y su cuñado, tras escuchar gritos y un disparo. Allí estaba a la compañera sentimental de Francisco pidiendo socorro encaramada a la terraza. Hacia ella se dirigió el cuñado de la testigo para calmarla, cuando desde el garaje vieron cómo salía la furgoneta de la víctima. "La furgoneta tiene los cristales tintados, así que pensamos que la conducía él y que todo era una discusión familiar", señala.
Pero no era así. Y al comprender que se trataba de un secuestro y ver cómo el vehículo se daba a la fuga a toda velocidad, el cuñado de la testigo cogió instintivamente su coche para intentar alcanzarles. En una rotonda, situada a un kilómetro, tuvo que desistir al perder el rastro.
Varias patrullas de la Policía Nacional se personaron el zona y auxiliaron a la mujer. "Ella no dejaba de gritar, se había encerrado en la terraza y no se atrevía a entrar a la casa porque decía que todavía quedaba uno dentro", recuerda la vecina. "Al final la policía tuvo que saltar desde mi terraza a la suya y desde allí la metieron en mi casa", relata.
Mientras tanto, los agentes comenzaron a realizar las primeras investigaciones en la casa y el garaje, donde hallaron un pequeño reguero de sangre producido por un fuerte golpe. La policía no descarta ninguna hipótesis.