V. CONTRERAS VALENCIA
Las muestras de dolor por la muerte de Fernando -conocido por sus amigos como Splinter- siguieron ayer durante toda la jornada en el altar que sus amigos y familiares han montado en el punto donde encontró la muerte. Por su parte, el juez acordó ayer el ingreso en prisión provisional y sin fianza para los dos jóvenes colombianos acusados de apuñalar a Fernando -también fueron detenidos tres menores-, y les ha imputado un delito de lesiones por su supuesta relación con la agresión a otro joven que permanece hospitalizado en estado grave, tal como recogía ayer este periódico. El Juzgado de Instrucción número 18 de Valencia ha tomado declaración a ambos sospechosos y, tras resolver su situación personal, los ha puesto a disposición del Juzgado de Instrucción número 16 de la ciudad, al que serán remitidas las actuaciones, declaradas secretas. Está previsto que el lunes se le practique la autopsia al cadáver.
Fernando tenía 25 años y desde hace ocho vivía en Valencia con sus padres Narciso y Susana y sus hermanos Carlos y Maira. Esta última había vuelto hace unas semanas a su ciudad natal, Machala, donde tiene una hija y allí recibió por teléfono la noticia de la muerte de su hermano. "Fue un momento muy duro. No paraba de llorar y preguntarse por qué había tenido que irse a Ecuador", recordaba ayer su padre.
Fernando encontró la muerte cuando iba a disputar un partido de fútbol con unos amigos. "De pequeño fue profesional en las categorías infantiles. Era muy bueno. Por eso seguía jugando los campeonatos. Era un chico sano, tranquilo y muy familiar. Y como a todos los chicos, también le gustaba salir con sus amigos y con chicas".
Tras abandonar sus estudios, Fernando empezó a trabajar en el mundo de la construcción, al igual que su padre y su hermano. Pero como a muchos, la crisis económica les golpeó con fuerza e incluso tuvieron que cambiar de casa. "Ahora trabajaba en lo que iba saliendo. Un día en la obra, en el campo, arreglando jardines".
A las 21.00 horas de ayer, eran cerca de un centenar las personas que acompañaban a la familia de Fernando en la calle Santa Rita, rodeando los carteles, fotos y cirios que han ido depositando en el lugar donde ocurrió el crimen. "Fernando era un buen hijo y un buen chico -afirmaba Narciso-. Tenía muchos amigos. Le querían mucho".