IGNACIO CABANES VALENCIA
Han pasado ya tres años desde la primera operación y por fin hoy Pablo Olmo siente que ha vuelto a recuperar parte de su aspecto de antaño. Un desconocido, que todavía no ha podido ser identificado, le arrancó de un mordisco parte de la oreja izquierda durante una pelea en un pub de Valencia.
La semana pasada se celebró una nueva rueda de reconocimiento por videoconferencia en el Juzgado de Instrucción número nueve, para dar con el autor de la agresión. Sin embargo, la víctima no logró identificar al sospechoso. "Después de tanto tiempo y en un televisor de 21 pulgadas es muy difícil reconocer a nadie", argumentó el perjudicado.
Por el momento hay ocho personas imputadas por un delito de lesiones, que cuando se produjo la reyerta residían en un colegio mayor de Valencia. "Hicieron un pacto de silencio para ocultar quién me dio el mordisco", apuntó Pablo. Ahora, la mayoría de ellos está fuera de la Comunitat Valenciana, en Madrid e incluso en EE UU, lo que dificulta la resolución del caso. "Aunque no se encuentre al autor material, los imputados debían indemnizar solidariamente a mi cliente por las operaciones de reconstrucción", apuntó Juanjo Quesada.
Este periódico contactó con la víctima del mordisco, quien relató la pesadilla vivida, entre hospitales y juzgados, desde ese día. "Estuve varios meses de baja tras la primera operación, pues si se infectaba el cartílago el médico me dijo que perdería la oreja entera", explicó Pablo.
"Parecía un gremlin"
La agresión se produjo la madrugada del 19 de octubre de 2006 en un pub de la calle Polo y Peyrolón de Valencia, cuando una discusión entre unos amigos de la víctima y un grupo de unos 20 jóvenes acabó en reyerta. Durante la confusión, uno de ellos le mordió en la oreja, arrancándole parte del pabellón. "No me dí cuenta cuando escupía la oreja", confiesa el afectado. Al parecer, esta misma persona mordió en el brazo a otro joven. "El agresor tenía complejo de perro, mi compañero aún tiene la marca".
Después de ser trasladado al hospital, "me llamaron del pub y me dijeron que barriendo habían encontrado mi oreja", recuerda Pablo. "La metí en un vaso de hielo por si se podía reimplantar, pero me dijeron que la tirara porque se había infectado". "Tenía la oreja muy puntiaguda, parecía un gremlin", recuerda.