T. DOMÍNGUEZ/I. CABANES
El acto heroico de Ji Lin, más conocido como Luis por sus clientes del bar Sento de Beniferri que regenta desde hace dos años, de poner en juego su propia vida para salvar la de su camarera cuando el marido de ésta intentó matarla en la noche del martes no era el primero. «En verano, también vino a buscarla y la persiguió hasta que ella se metió en la barra. Yo me puse enmedio y lo paré. Le dije que no podía entrar y que la dejase en paz», explica Ji Lin desde la habitación del Hospital La Fe donde se recupera de las gravísimas heridas sufridas. Desde aquel episodio, no había vuelto a verle. Tampoco su mujer, Jia Jia, de la que tenía una orden de alejamiento desde agosto por esa tentativa de ataque.
Quizás por eso, el martes por la noche, Ji Lin no creyó «que fuera a matarla a ella o a mí, hasta que vi el cuchillo, pero ya era muy tarde, porque el pasillo de detrás de la barra es estrecho y yo ya no pude defenderme. Primero me dio en la mano, luego el hombro y después la barriga. Después me quedé sin fuerzas y me caí al suelo». El presunto agresor, que «estaba como loco», dio la vuelta y salió corriendo a la calle. Para entonces, Jia Jia había tenido la suerte de encontrar abierta la puerta del casal fallero contiguo. «Si hubiera estado cerrado, la pilla seguro y la mata», afirma la esposa de Ji Lin, que ha adoptado el nombre español de Eva.
Un río de visitas en el hospital
El cariño que Luis se ha ganado en los dos años y medio que lleva con su esposa al frente del Mesón Sento convirtió ayer tarde su habitación del hospital en un hervidero de visitas. Vecinos, clientes y amigos, pero ninguna autoridad. «Ha venido muchísima gente. Se han portado muy bien. Le tienen mucho cariño y están muy preocupados», explica Eva.
Quien no ha faltado un sólo día ha sido Jia Jia. «Estaba muy asustada porque lo veía muy mal a mi marido. Le ha dado muchas veces las gracias. Hoy él está mejor y por eso, nosotras, también», dice Eva.
Luis, que no quiere dejarse fotografiar –aunque un periódico lo retrató el jueves a traición–, concluye: «No le tengo miedo. Volvería a hacerlo, pero me defendería mejor. No está bien lo que hacía él. Incluso en verano me exigía que despidiera a Jia Jia. Pero yo no lo hice, porque es muy buena camarera».
Mientras, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número tres de Valencia decretó ayer el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza, del agresor de Jia Jia, acusado de dos delitos de homicidio en grado de tentativa, quebrantamiento de condena, malos tratos habituales en el ámbito familiar y amenazas, ya que desde agosto, no dejaba de intimidarla con mensajes al teléfono móvil. El acusado se negó a declarar. Lo único que alegó en su defensa es que se encontraba bajo los efectos del alcohol.