VORO CONTRERAS VALENCIA
Era el 12 de abril de 2009 y apenas hacía un mes que Sigifredo había estado a punto de morir desangrado tras haber recibido por la espalda más de doscientas perdigonadas en su chalé de Marines. A consecuencia de aquel ataque, este vecino de Sedaví estuvo ingresado en estado crítico en la UCI del Hospital La Fe. Pero se estaba recuperando y ese 12 de abril ya estaba en casa, acompañado de sus hijos y de su mujer, y sin dejar de pensar en quién había buscado su muerte de manera tan cobarde.
"Esa noche -recordaba ayer- me encontraba muy mal, tenía mucho dolor, y le dije a mi mujer que iba a acostarme. Cuando subí a la habitación vi sus maletas hechas sobre la cama. Le pregunté qué pasaba y lo único que me dijo fue: "nosotros nos vamos"".
Y así fue. Josefa, acompañada por el hijo que tuvo con Sigifredo y otro hijo de éste, se fue al pueblo de su madre en Galicia, Quiroga. Allí fue detenida el pasado jueves 28 de enero junto a Carlos Z. P., su actual novio y antiguo jefe en la empresa de limpieza en la que ambos trabajaban y donde comenzaron una relación sentimental a espaldas de Sigifredo. Carlos es ahora el principal sospechoso de la autoría material del ataque que sufrió Sigifredo con la colaboración de Josefa. "Desde que ella se fue, empecé a sospechar que había tenido algo que ver en lo que me pasó, que había sido ella la que quiso matarme. Ahora ya lo sé".
Josefa y Sigifredo vivían juntos desde hace unos veinte años. No se habían casado, pero tenían un hijo en común y con los tres vivía otro hijo del hombre fruto de una relación anterior. Él trabajaba como cocinero en un salón de banquetes y ella en una empresa de limpieza en la que conoció a Carlos. "Según me han contado, es un hombre que ya ha tenido algún asunto raro", explicaba ayer.
Todos los jueves por la tarde, este vecino de Sedaví solía acudir a la casa de campo que tiene en el término de Marines para dar de comer a sus tres perros de la raza rottweiler. El 26 de febrero de 2009 era jueves y, por lo tanto, acudió hasta el chalé con su Nissan Vanette. Dio de comer a los perros y cuando volvía a Sedaví, escuchó dos tiros muy cerca del vehículo. "Pero no hice mucho caso. El chalé está en una zona donde hay muchos cazadores y el cuartel militar de Marines está cerca. Así que pensé que era algún cazador o algún soldado haciendo prácticas al que se le había ido la mano".
Tan poca importancia le dio a aquellos disparos que no fue hasta el domingo siguiente cuando se fijó que su furgoneta tenía dos impactos de bala en la carrocería. Pero tampoco entonces hizo mucho caso. "Mi mujer me decía: "eso son tonterías. Habrá sido algún cazador ilegal". Así que tampoco pensé en denunciar. Como mucho, en quejarme a la Guardia Civil para que estuviesen alerta de los cazadores ilegales".
Cumpliendo con su rutina semanal, el jueves siguiente, 5 de marzo, se subió a su furgoneta y se dirigió a Marines para darle de comer a sus perros. Allí, en plena zona de monte y cuando atardecía, alguien le esperaba agazapado tras algún árbol o arbusto. Sigifredo bajó del vehículo, sacó las llaves para abrir el portalón del chalé y en ese momento escuchó dos disparos de escopeta. Era un arma de caza con cartuchos del calibre 12 que alguien le disparó por la espalda y a muy poca distancia. Unos doscientos perdigones se incrustaron en su cuerpo. "No vi nada. Sólo noté mucho dolor y que la boca me sangraba. La espalda también me estaba sangrando como un grifo. Me levanté como pude, me subí a la furgoneta e intenté irme. Pero si no hubiese sido por el vecino que me vio y que avisó a la Guardia Civil, me habría muerto allí mismo".
Solo y con 200 euros en la cuenta
A pesar de la gravedad de las heridas, Sigifredo empezó a recuperarse, volvió a casa y 38 días después del ataque, su mujer le dejó y se llevó con ella a sus hijos. "Me quedé destrozado e incluso pensé en suicidarme. Pero pensaba en mis hijos y no me atrevía".
Precisamente, fue gracias a ese contacto teléfono que seguía manteniendo con sus hijos que empezó a sospechar de que su ex pareja había tenido algo que ver con el intento de asesinato. "Ella se ponía al teléfono y me preguntaba si ya habían detenido a alguien. Yo, como lo veía raro, le decía que sí". A éste, para él, "sospechoso" interés hay que añadir los engaños y estafas que, según Sigifredo, sufrió por parte de Josefa y su actual pareja. "Me dejaron solo, con 200 euros en una cuenta y con un montón de deudas suyas".
El jueves 28 de enero, la Guardia Civil confirmó a Sigifredo que sus sospechas no iban desencaminadas. "Vinieron a casa porque la escopeta con la que me dispararon estaba escondida en el desván. Yo no tenía ni idea. Me dijeron que habían detenido a los dos".
Casi un año después, Sigifredo se ha recuperado de las heridas y solo le quedan las numerosas cicatrices que permanecen como recuerdo de las perdigonadas. Pero asegura que la noticia de la detención de su ex mujer por su intento de asesinato le ha dolido casi tanto como el tiroteo. "Aunque acabé sospechando de ella, nunca quieres saber que es así. Saber que tu mujer te ha traicionado y que ha querido que te mueras, hace mucho daño".