REGINA LAGUNA VALENCIA
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Los pasillos de la Ciudad de la Justicia, la entrada principal y la posterior estaban custodiados ayer por agentes de la policía nacional y de la Guardia Civil. Parecía que habían tomado el edificio. El despliegue obedecía al juicio que se celebró en la sección cuarta entre dos clanes gitanos rivales de Alzira. Uno de ellos mató a cuatro miembros del otro clan hace ahora cuatro años. El móvil: un joven del clan de los Kung-Fu pretendía llevarse por la fuerza a una chica del clan de los Mantequilla para desposarla por el rito gitano.
El juicio celebrado ayer por esta matanza, que hizo temblar el barrio de l'Alquerieta de Alzira el 30 de marzo de 2006, puso de manifiesto la justicia gitana: ojo por ojo y diente por diente. La Ley del Talión ya se había aplicado. Cuatro de los acusados asumieron cada una de las cuatro muertos. El resto son encubridores o cómplices.
Los 16 acusados reconocieron los hechos ante el tribunal de la Audiencia Provincial de Valencia y aceptaron las penas pactadas por acusaciones y defensas, que se elevan a 14 años por cada uno de los homicidios, como adelantó Levante-EMV. Este procedimiento obligó a renunciar a todos los testigos incluidos los acusados.
El dispositivo policial dio sus frutos. Los testigos previstos estaban custodiados en una sala de vistas que distaba al menos 40 metros de distancia. El objetivo, cumplido, era que no se mezclaran ambas familias en los pasillos.
En la sala, de pequeñas dimensiones, tampoco cupieron muchos familiares de los acusados. A los de las víctimas no se les dejó entrar para que no hubiera enfrentamientos durante el juicio. En el interior, más de 15 agentes controlando a los procesados, y otros tantos en los pasillos, custodiando la sala.
Así, los 16 acusados no tuvieron más que afirmar a la pregunta de si reconocían los hechos, cuando les preguntó el presidente del tribunal. Del mismo modo, hicieron los testigos que declararon protegidos por un biombo, y los policías que acudieron al lugar de la masacre.
Y lo que reconocieron fue leído en su presencia. Ninguno de ellos pestañeó. El clan reunió a 16 de sus miembros por unidades familiares. Por un lado, Domingo H. H., apodado "el Mantequilla", su mujer Dolores H. S. y su hijo Lucas H. H. Otro grupo estaba formado por Lucas H. H. , hermano de Domingo, y su mujer Inocencia H. B. A continuación estaban Teresa H. H., apodada la Chata, y su cinco hijos: Lucas, Rafael, Antonio, José y Santiago M. H. Y, por último, Emilio E. H, su sobrino Antonio P. H. apodado Emiliete; su cuñado Bernardo José P. A., apodado el Verruga, y Emilio H. F., apodado Fiti.
Todos ellos acudieron aquél día al número 5 de la calle Alonso de Ojeda, en Alzira, donde residían los familiares del clan Kung-Fu, con quienes mantenían una disputa relacionada con una hija del acusado Emilio E. H., a quien Ramón M. M. pretendía llevarse por la fuerza. El joven tenía 22 años y murió sorprendido por el tiroteo. La joven acababa de cumplir 18 años.
Al parecer, la familia de los Mantequilla ya había sufrido un rapto similar de una de sus jóvenes años atrás por parte de los Kung-Fu y, según un testigo que declaró al inicio de la investigación, no estaban dispuestos a que se repitiera con la hija de Emilio. Si la joven se iba con el chico, estarían obligados a casarla, según su tradición.
Así, parte de los acusados acudieron desde Oliva, donde vivían, avisados por el resto de la familia de los Mantequilla, para "tratar" el problema con los Kung-Fu. Se dividieron en tres coches para acudir a Alzira. Cuando llegaron a la barriada de la Alquerieta, se reunieron todos en casa de Dolores. Luego, se fueron todos a casa de Emilio, de donde partieron hacia la casa de los Kung-Fu.
En el domicilio de las víctimas, se encontraban José M. H., su hermano Luis, la mujer de José, Juana M. M., y sus hijos Isidro y Ramón M. M., la hija Antonia M. M y la prima de ésta Rosa M. M.
Algunos de los Mantequilla entraron en el domicilio y el resto se quedó en la parte de atrás. Tras mantener una discusión, Domingo H. H. el Mantequilla sacó una pistola que le había dado su hijo Lucas H. H. y disparó seis veces contra José M. H., que murió. Lucas H. H. (el mayor) sacó otra pistola y disparó cinco tiros a Ramón M. M., que murió a los 22 ños. Era el joven que pretendía a la chica de los Kung-Fu.
La madre quedó malherida
Al mismo tiempo, Lucas M. H. sacó una pistola que le había pasado Rafael M. H. y disparó tres veces a la madre, Juana M. M., una de ellas en la cabeza, y le clavó una navaja. La mujer quedó muy malherida pero se salvó. Emilio E. H. sacó un revólver y disparó cinco veces a Luis M. H., el tío, que murió. En esos momentos, Bernardo José P. A. sacó una pistola semiautomática y le dio seis tiros a Isidro M. M., hermano del novio, que murió también.
Las mujeres y el resto de acusados se pusieron de acuerdo para obstaculizar la labor de la policía cuando intentó localizar e identificar a los huidos, ayudando a ocultar las pistolas. Dos de ellos han sido condenados a cuatro y seis años de cárcel como cómplices y el resto, incluidas las mujeres, a dos años por encubrimiento y tenencia ilícita de armas.