TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
Hace algo más de un par de semanas, una treintena de municipios de Els Ports y el Maestrat se quedó incomunicado después de que los ladrones robasen 700 metros de cableado telefónico en Xert para hacerse con el cobre del que está fabricado. Diez días atrás, los ladrones despiezaron pacientemente la maquinaria pesada de una cantera de Riba-roja y robaron el cobre de las bobinas de los motores. En San Antonio de Benagéber, el objetivo fue el cableado eléctrico de las grúas de obras depositadas en el almacén de una empresa con sede en Valencia. Y así, una lista interminable de robos del llamado "oro rojo".
Y son sólo algunos de los sucesos que trascienden. Las estadísticas que maneja la Guardia Civil prueban que, sólo en los últimos cuatro meses, se ha producido un incremento del 50 por cien del número de robos cuyo objetivo es el cobre, aunque los ladrones no desprecian otros metales en alza como el aluminio, el acero o el latón. La situación, sin llegar a los extremos que hicieron saltar las alarmas cuando en 2007 aumentó de forma extraordinaria la sustracción masiva y organizada de toneladas de cobre, ha llevado al Ministerio del Interior a reactivar la orden que ponía el robo del metal rojo entre las prioridades de las fuerzas y cuerpos de Seguridad.
Desde hace unas semanas, la policía, pero sobre todo la Guardia Civil, ha vuelto a recibir la directriz de que se vuelquen todos los medios necesarios para acotar la nueva oleada de rapiña de cobre.Sólo en Valencia, la Comandancia ha "liberado" a cerca de veinte guardias especializados en policía judicial para que se dediquen a la investigación de las bandas especializadas en el robo de este metal, que se paga a seis euros el kilo en las chatarrerías.
Para visualizarlo en toda su dimensión: la venta de las 25 toneladas de cobre que una banda desarticulada hace diez días por la Guardia Civil robó llevándose el camión completo en Aldaia habría reportado al grupo nada más y nada menos que 150.000 euros si los agentes no hubieran localizado a tiempo la mercancía en una nave de Vilamarxant.
El robo organizado y sistemático de cobre irrumpió en la escena delictiva, sorprendiendo a propios y extraños, en 2007, justo cuando el precio internacional de este metal se disparó de manera nunca antes vista, gracias a dos circunstancias que coincidieron en el tiempo: el despegue económico y la consiguiente demanda masiva de este metal de gigantes como China e India, por un lado, y la caída de la producción -a causa de fortísimos conflictos laborales- en las minas de Chile, país que inyecta al mercado internacional el 80 por ciento del "oro rojo". Al año siguiente, el precio de este metal cayó espectacularmente. Su valor se desplomó un 65 por ciento en sólo ocho meses.
Cotizaciones alarmantes
Las mafias perdieron el interés por el cobre y, por consiguiente, los ladrones dejaron en paz los tendidos eléctricos, los telefónicos o los motores de riego. Las chatarrerías ya no pagaban tan bien y el esfuerzo no merecía la pena. Los robos descendieron considerablemente.
La situación comenzó a revertir en otoño pasado. Tras una tendencia alcista moderadamente sostenida a lo largo de 2009, que mantenía los robos sistemáticos a raya, el precio del cobre volvió a vivir cotizaciones alarmantes a partir de octubre pasado. Y los robos reaparecieron,incluso con un mayor grado de profesionalización.
Así, el año se cerró con 48 personas detenidas por este delito, casi el doble de las arrestadas un año antes. En esta nueva etapa, la Guardia Civil ha detectado que los ladrones ya no sólo van a por el cableado del alumbrado público, el del trazado ferroviario -el del AVE es el más goloso, pero el más protegido, así que no sufre demasiados desaguisados- o el del tendido telefónico, como en 2007.
En este momento, los cacos están actuando a lo grande: realizan butrones en empresas para llevarse hasta el último centímetro de cobre de sus instalaciones, desmontan grúas de grandes dimensiones y pesadas máquinas de obra o desmantelan repetidores, antenas y transformadores de todo tamaño y uso. Eso sí, sin dejar de lado los robos a particulares: desde pozos de riego a casetas de campo, sin olvidar cualquier minúsculo trozo de cobre guardado en un chamizo en mitad del monte.