T. DOMÍNGUEZ VALENCIA
Cada día, a primera hora, Pedro se levantaba de su banco, en la calle del Doctor Lluch. Abría el saco de dormir y lo colocaba, junto con la manta, sobre el respaldo del banco para que se airease. Se quitaba los calcetines y los dejaba oreándose sobre el seto. Sacaba la comida, que partía en porciones de desayuno, almuerzo, comida y cena, y tomaba su primer bocado. Muchas mañanas, Leticia, la chica del comercio de la esquina, otro de sus ángeles protectores, le sacaba un café con leche con madalenas. Pero antes de desayunar, ya había cogido la escoba y había barrido. Se había afeitado, adecentado, había recogido todo y lo había guardado, bien doblado, en el hueco de un arbusto. Ahí estaba todo el día en que dejaron de verlo, por lo que quien lo mató, debió de hacerlo durante el día y lejos de su "hogar". Las pertenencias de Pedro continuaron en el árbol durante semanas. Todos sabían que eran de él "y se las vigilábamos, para cuando volviese". Pero ya no volvió. "No te imaginas el hueco que ha dejadoÉ".
Quien habla ahora es Javi, un vecino que vive en la finca ante la cual se encuentra el banco y que además posee un bajo a tres metros escasos de donde dormía Pedro. Él le dio la última ropa de abrigo y le bajó sopa de pescado en Nochebuena. Y también fue él quien le curó la herida cuando alguien le atacó con una losa de mármol un mes antes del homicidio, y quien trató de comprobar si lo conocían en alguna obra próxima a la playa de Las Arenas cuando pasaban las semanas y nadie sabía de él. "Era el 24 de enero. Me dijo: "Javi, me ha tocado la lotería. Me han ofrecido cuidar una obra y me dejan dormir dentro en un bajo. Y me van a pagar". Del matrimonio gitano que supuestamente lo "contrató" nadie sabe nada.
Las sospechas son muchas, pero las pruebas, escasas. La investigación dependerá de la buena voluntad de quien haya visto u oído algo y quiera contárselo a la Guardia Civil. Sería de justicia para Pedro.