J. ANTEQUERA CASTELLÓ
Dos vecinas de Castelló llegaron a las manos en una violenta trifulca vecinal tanga de los miles que, hoy por hoy, andan por la calle. Así, el 18 de junio de 2008, A. I. y A. G. se encontraban en la piscina comunitaria del edificio en el que residen cuando la primera se dirigió a ella con claros ánimos morales y correctores. Según se desprende del fallo de los magistrados, A.I. recriminó a su vecina por "llevar un bikini tanga, al entender que ello vulneraba las normas de la comunidad".
En ese momento, se inició una discusión, en el curso de la cual "llegaron a agredirse mutuamente". La Audiencia considera que ambas procesadas fueron autoras de una falta de lesiones por lo que fueron condenadas a la pena de un mes de multa a razón de cuatro euros al día, con arresto sustitutorio en caso de impago. Además, A. G. (la portadora del mal de seda) deberá indemnizar a A. I. con la suma de 600 euros.
La sentencia se extiende en consideraciones jurídicas interminables, pero finalmente no aclara lo esencial: ¿es lícito que la vecina se pasee en paños más que menores por la escalera de un decente edificio de viviendas?