LORETO OCHANDO VALENCIA
El padre de Miguel R. ya puede descansar. La muerte de su hijo a manos de dos hombres a los que dejó subir a su casa por buena voluntad, eran conocidos suyos, se ha saldado con una pena de cárcel de 22 años. La Audiencia Provincial de Valencia consideró a Daniel V. y José M. culpables de los delitos de asesinato y robo con violencia. Por el primero de los delitos deberán cumplir 18 años de presidio, por el segundo, cuatro.
La sala consideró probado que durante las Fallas de hace dos años, la víctima invitó a su domicilio a los que después serían sus verdugos. Los padres de Miguel estaban de viaje en las islas Baleares durante las fiestas falleras. Cuando llegaron a la casa, situada en la calle Llano de Zaidía, los ahora condenados quisieron apoderarse de los objetos de valor que vieron en el domicilio. Fue el principio del fin. Para evitar que su víctima les molestara durante el robo, le agredieron con un objeto contundente en la cabeza.
Indefenso y consciente
Debido a la violencia del golpe, Miguel quedó inconsciente en el suelo. Fue entonces cuando los homicidas aprovecharon para hacer jirones una de las cortinas de la casa y lo ataron de pies y de manos. Mientras los cacos registraban el domicilio, el joven recuperó la consciencia. Sus asesinos comenzaron a agredirle. Le dieron diversos golpes en la cabeza y "con intención de acabar con su vida" le introdujeron un trozo de tela de la cortina que habían roto para atarle dentro de la boca.
"Le amordazaron fuertemente con un retal que le constreñía el cuello y la boca. La intensidad con la que realizaron el nudo fue tal que le provocó una fractura del hueso hioides".
Sin posibilidad de defenderse, Miguel todavía seguía con vida, pero sus asesinos le pusieron un cinturón alrededor del cuello y apretaron. La fractura en el hioides, junto con la presión del cinturón fue mortal. Los ahora condenados robaron objetos como joyas, relojes o teléfonos móviles por un valor estimado de unos 2.300 euros. Una vez hubieron acabado, ambos se marcharon cerrando la puerta con llave. No fue hasta varios días después que el padre de Miguel dio la voz de alarma porque no podía localizar a su hijo.
Durante el plenario, los dos reos se echaban la culpa el uno al otro, llegando incluso a implicar a otras dos personas de las que nada se ha sabido. Los magistrados no creyeron dicha versión y ahora deberán cumplir una pena de 22 años por la muerte y el robo de la calle Llano de Zaidía.