El crimen que mostró que las altas esferas se veían con meretrices

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L. OCHANDO/T. DOMÍNGUEZ Ewa Stryniak era prostituta de lujo en Valencia. Murió de un golpe en la cabeza el 25 de abril de 1999. Su crimen sigue sin culpable. El único imputado que ha habido hasta hoy fue el ingeniero industrial, y miembro de la alta burguesía valenciana, Eduardo B. di C., que estuvo acusado de ser el asesino de la meretriz durante meses hasta que el fiscal del caso decidió no proseguir con la acusación porque no apreció materia incriminatoria, tan sólo un cúmulo de indicios circunstanciales.
El caso Stryniak conmocionó a la alta sociedad valenciana. Nunca antes un miembro de la burguesía había declarado, bajo juramento ante la policía, que no sólo había frecuentado los ambientes de la prostitución, sino que se había enamorado de una meretriz y mantenía una vida paralela con ella.
Eduardo B. di C. tenía amigos muy influyentes. De hecho cuando fue detenido, y mientras esperaba en un calabozo a ser interrogado por el Grupo de Homicidios, el delegado del Gobierno de la época Aznar, González Cepeda, bajó a los calabozos (hecho que está prohibido) y le mostró todo su apoyo a su colega. Nunca hubo pruebas concluyentes contra él, pero sí indicios.
El día que Ewa murió, su amante, Eduardo B. di C. fue a misa con su mujer y sus cuatro hijos como hacía cada domingo. Fue a comer con ellos y a casa. A las ocho de la tarde llegó a la vivienda de su «otra mujer», Ewa. Según declaró la encontró muerta, sin embargo no llamó a nadie hasta 40 minutos después. Y esa llamada no fue a la policía, ni siquiera a Emergencias, sino a un amigo notario al que le explicó que había encontrado el cadáver. Su amigo fue quien le llevó a la Jefatura. A día de hoy, más de diez años después, Eduardo B. di C. sigue sin poder explicar que hizo durante los 40 minutos en los que estuvo con el cuerpo de su amante. El arma del crimen tampoco apareció nunca.
El trabajo policial fue impresionante, se le tomó declaración a 400 clientes de Ewa. Todos tenían coartada para ese día, incluso el que practicó sexo con ella esa tarde. Uno de ellos, un arquitecto valenciano asentado en Londres, declaró que Ewa le contó que Eduardo le pegaba por celos, quería que dejara la prostitución. De hecho, los celos fueron el móvil que se barajó durante la investigación. l. ochando/t. domínguez valencia

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