09 de abril de 2016
09.04.2016
Unidad canina

El mejor olfato de la Guardia Civil

El grupo cinológico del Instituto Armado contribuyó en 2015 a la localización de veinte personas perdidas en áreas rurales y a la detección de más de dos toneladas de drogas

09.04.2016 | 04:15
El mejor olfato de la Guardia Civil

Catorce perros y diez guardias „hay dos plazas vacantes„ conforman la unidad cinológica de la Guardia Civil en Valencia. Son animales entrenados para detectar desde explosivos a drogas, dos de sus facetas más conocidas, pero también cebos envenenados, inmigrantes ocultos o cadáveres sumergidos bajo el agua.

«¡Camina! ¡Sienta! ¡Busca! ¡Ladra! ¡Échate! ¡Alto!». Órdenes directas y firmes, pero en la inflexión de la voz del guía no se percibe autoritarismo a secas, sino complicidad y matices claros de cariño. Y el animal, el agente al fin y al cabo, obedece al instante. Sin dudas y sin reservas. Así son los perros del servicio cinológico de la Guardia Civil de Valencia, disciplinados y obedientes hasta el extremo y, por tanto, la envidia de cualquier propietario de un can.

El año pasado, contribuyeron a localizar más de dos toneladas de droga –la mayoría cocaína, oculta en contenedores llegados al Puerto de Valencia– y al rescate de veinte personas extraviadas en el monte. Son datos aportados por el delegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Juan Carlos Moragues, durante su visita ayer a la unidad cinológica de la Guardia Civil de Valencia, creada hace casi 40 años y ubicada en el cuartel de Almussafes desde 1998.

Valencia dispone de perros adiestrados en la detección de drogas y de tabaco, así como de explosivos, que periódicamente colaboran en los rastreos preventivos que se realizan tanto en el aeropuerto como en el puerto, dentro del reforzamiento de las medidas de seguridad tras los atentados de Bruselas. Son dos de las facetas más conocidas de los perros policía, pero no son las únicas.

La unidad canina de Almussafes dispone de animales adiestrados en la detección de dinero en billetes y también de cebos envenenados. Es más, éste último es capaz de marcar animales que hayan muerto víctimas de la ingesta de un veneno, lo que lo convierte en una herramienta muy útil para las investigaciones del Seprona, la unidad más verde de la Guardia Civil.

Además, Valencia cuenta con seis perros policía de rescate entrenados para encontrar personas vivas –o muertas si el fallecimiento no se ha producido más de 24 horas antes del hallazgo; en ese caso, entrarían en el rastreo animales adiestrados en la búsqueda de cadáveres, cuyo olor difiere mucho del que exhala un humano vivo o muerto recientemente–.

Cinco de esos animales también han sido adiestrados para desarrollar tareas de seguridad, es decir, de defensa. Es una de las primeras utilidades de los perros policía cuando se decidió que podían ser útiles en unidades policiales y militares, principalmente en lo que la Guardia Civil denomina el control de masas. «Hoy en día, disponemos afortunadamente de otras herramientas para esa tarea, por lo que los perros están más dirigidos al rastreo y rescate y mucho menos a la seguridad», explica el jefe de la unidad. Son estos los animales que mayor sumisión a su guía han de demostrar, ya que tienen que ser capaces de morder cuando se les ordena, pero también de soltar su presa con la misma celeridad y obediencia. Toni, una mezcla de pastor belga y alemán de ocho años de edad, lo demuestra en su exhibición.

Cuatro meses de «cole»

Toda la base del adiestramiento reside en dos conceptos: el agudizadísimo olfato canino –un perro cualquiera posee unos 200 millones de células olfativas (los sabuesos llegan a los 300 millones), frente a los 5 millones de un humano– y sus infinitas ganas de jugar. Combinado, eso sí, con la confianza ciega en su guía, que lo toma desde cachorro, lo introduce en su hogar como una mascota más y sólo cuando es ya completamente operativo, lo lleva a pernoctar en las amplias y cómodas perreras construidas en el cuartel.

Cualquier perro de la Guardia Civil ha pasado por la misma formación. Primero, se seleccionan cachorros con ciertas aptitudes; luego, se les somete a un exhaustivo examen físico que confirme que será capaz de rendir al cien por cien y sólo entonces es llevado a la escuela de adiestramiento de Madrid, donde será entrenado en su especialidad durante cuatro o cinco meses. Y sea cual sea esa especialidad, el perro siempre responde por un mismo motivo: la entrega del premio cuando completa su misión. Se trata de un rodillo de trapo impregnado con el olor de lo que ha de buscar y que recibe cada vez que acierta. Un método sencillo, pero muy eficaz: en 2015, la unidad canina de la Guardia Civil de Valencia contribuyó a detectar más de 2.000 kilos de droga y a rescatar a 20 personas perdidas.

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