D. Facuseh, St. Llorenç de la Muga
Encerraron a un niño en una jaula para jabalíes y a otro en un lavabo. En ambos casos, según explicó ayer el encargado del funcionamiento del centro ilegal de menores de Girona, el suizo Armin Markus -más conocido como Laos- fueron medidas excepcionales que se aplicaron cuando el comportamiento de los menores se hacía insoportable. «Hace un año encerré a uno de los niños en una jaula para evitar que hubiese un crimen -explica el hombre-, y hace poco encerré a otro joven en los lavabos porque ya no lo podía dominar».
En el recinto para los animales, según manifestó Laos, metió a un menor que amenazaba a sus compañeros con un cuchillo. Asegura el responsable del correccional que lo tuvo allí dentro tan solo «dos o tres horas una tarde» y hasta que recobró la calma. Mientras el niño estaba en la jaula, sentado en un pequeño taburete, Laos hacía trabajos de mantenimiento junto al habitáculo y, según cuenta, la puerta permaneció abierta durante una buena parte del rato que duró el castigo. En el caso del niño encerrado en el lavabo, añadió, la medida estuvo precedida de varias advertencias por su comportamiento.
Para este hombre, que el viernes fue detenido junto a otras dos personas como supuesto autor de los delitos de detención ilegal y de malos tratos físicos y psíquicos a menores, las reclusiones en las jaulas o en los baños eran la única posibilidad que había en un entorno rural como este para penalizar los comportamientos indeseables de los menores -que eran llevados allí por sus padres tras abonar 4.000 euros-. «Las caravanas tienen ventanas que se pueden abrir, por lo que allí no los podía encerrar -señala Laos-. En cualquier centro de menores tienen una sala de reclusión que aquí no tenemos».
La instrucción del caso ya ha dado los primeros pasos y los tres responsables del reformatorio regresaron a la masía tras quedar en libertad con cargos. Allí, ya no están ni Sara, ni Jens, ni Lorenzo, ni César, ni Valmir. Todos ellos regresaron a Suiza con sus progenitores. Laos recuerda que por el centro han pasado una quincena de niños, pero tan solo los cinco últimos les habían creado problemas.
En el transcurso de los últimos meses, el cuidador castigó a los niños varias veces y Esto, según sostiene, pudo ser el motivo de su fuga. Laos cuenta como encontró a un niño y a una niña en la cama, otro que estaba fumando un cigarro en la caravana, dos que entraron en una caravana que no era la suya y decidió castigarlos a trabajar cuatro domingos, que hasta ese momento era su día de descanso. «Escaparon el sábado antes del segundo domingo de castigo», dijo Laos.
Las lesiones que presentaba uno de los menores eran, posiblemente, según Laos, las marcas de una paliza que sus compañeros le propinarían.