Ramón Ferrando, Alicante
El fiscal pide veinte meses a un presunto estafador por cobrar más de noventa mil euros de aseguradoras por diez accidentes muy parecidos y que reclamó más de ciento veinte mil euros por un resbalón en una piscina.
Según la Fiscalía, el imputado ha convertido la declaración de accidentes ficticios para el cobro de indemnizaciones en su medio de vida y ha intentado cobrar en ocho años más de 206.000 euros por siniestros muy similares. La primera reclamación la presentó en 1994 por una caída en la bañera. A partir de ahí, se abrió la veda para las restantes.
Una compañía aseguradora descubrió el supuesto fraude después de que el acusado reclamara a una comunidad de vecinos de Playa San Juan más de ciento veinte mil euros por un resbalón en una piscina.
El supuesto estafador manifestó en su demanda contra la comunidad de vecinos que el 17 de septiembre de 1999 tuvo un accidente al resbalar en el suelo que rodea la piscina, golpeándose fuertemente en la cabeza. El imputado aseguró que como consecuencia de la caída sufrió la pérdida de la audición en un 95% del oído izquierdo y la visión del ojo izquierdo. El presunto estafador exigió una indemnización global de 20.189.218 pesetas (más de ciento veinte mil euro).
La compañía de seguros, según explicaron fuentes del Palacio de Justicia, contrató a un detective privado al sospechar del fraude. El detective informó de que el hombre tenía una «extraña propensión a sufrir caídas y, lo que resulta aún más curioso, siempre que se cae tiende a golpear objetos contundentes con la región occipital de su cráneo, lo que suele originarle unos traumatismos craneoencefálicos con pérdida de consciencia».
El acusado suscribió simultáneamente desde el año 1996 diversas pólizas con aseguradoras diferentes, de las que cobró por diez siniestros. El accidente más significativo que declaró, según fuentes de la Fiscalía, fue «una caída al salir de la bañera el 6 de enero de 1998». El acusado ya denunció entonces que había perdido por completo la visión del ojo izquierdo y cobró de cuatro seguros por la incapacidad. El accidente de la bañera no fue óbice para que un año y nueve meses después denunciara que había sufrido una nueva caída, esta vez en la piscina, y volviera a sufrir la misma lesión a pesar de su carácter irreversible.