EUROPA PRESS
El hombre, de 53 años, cuyo cadáver apareció ayer empaquetado y con signos de violencia, según fuentes cercanas a la investigación, estudió económicas y montó distintos negocios, uno de ellos fue el de la importación de vehículos de lujo procedentes del extranjero, explicó su amigo.
Posteriormente, la víctima, que estaba separada y tenía un hijo, fue juzgado por un delito de estafa, tras lo que ingresó dos años en prisión (1998-1999). Cuando cumplió la condena, trabajó en una tienda de ropa fallera, propiedad de su tía.
Después de este empleo, tuvo "otros negocios extraños" y se empezó a relacionar con "gente rara", entre ella, sus dos compañeros de piso, señaló otro vecino de la víctima. Al respecto, el propietario de la vivienda indicó que el hombre "pagaba siempre" la letra del alquiler aunque desconocía que tuviese a personas subarrendadas.
Otros vecinos de la víctima aseguraron que bebía "de manera habitual" aunque, sin embargo, la propietaria de un horno, ubicado frente a la vivienda en la que residía, indicó que no le veía "buena salud" pero que "no solía beber", tan sólo alguna copa algún día. Por su parte, el hijo de la propietaria del establecimiento apuntó que era "muy buena persona" y "un poco bohemio".
El titular de otro establecimiento de la zona afirmó que el hombre acudía de dos a tres veces por semana a su tienda para comprar biblias pequeñas, que tenían un coste de 1,80 euros. En una ocasión, le preguntó para qué las adquiría, y éste le respondió que "para regalarlas". Sin embargo, apuntó que hacía aproximadamente una semana o 10 días que no lo veía.
El cadáver del fallecido fue encontrado ayer por uno de sus compañeros de piso sobre las 20.25 horas, indicaron fuentes de la investigación. La víctima vivía junto a otros dos hombres, de entre 30 y 50 años, en un piso céntrico, cercano al Mercado Central. En estos momentos, agentes de la Policía Nacional siguen investigando el caso aunque, por el momento, no se ha efectuado ninguna detención.