I. ROY VALENCIA
La vuelta de las vacaciones, además de al trabajo, trae consigo otra rutina que en el último año se ha ido asentando entre la gran mayoría de usuarios de internet; subir algunas de las fotos a la red social de turno y comentar las jugadas de los sitios clave.
Desde que la moda de este tipo de redes sociales llegó a España tras causar furor en los Estados Unidos, los perfiles de la principal red social se han convertido en auténticos cuadernos de bitácora en los que los usuarios cuelgan de todo: sus impresiones, sus comentarios a noticias destacadas, videos privados, fotos... Es un cajón de sastre en el cabe de todo. Al principio era una moda entre los adolescentes, pero poco a poco han ido cayendo todos: partidos políticos -el Partido Popular llegó a convocar un "quedada" entre los miembros de su comunidad-, compañía privadas, medios de comunicación. Todo el mundo quiere o tiene que estar en estas redes.
De hecho, hasta la principal operadora de telefonía fija comunicó el pasado lunes a través de su página en Twitter que estaba experimentando problemas graves en su red de banda ancha. Optó por Twitter en lugar de informar directamente a través de su página web.
Pese a que nacieron como proyectos muy sencillos y con apenas un puñado de usuarios, Twitter, Facebook (que en su origen fue el proyecto de final de carrera de un estudiante con una visión particular del libro de graduaciones) o MySpace han adquirido dimensiones titánicas, con más de 55 millones de usuarios en el caso de Twitter, 250 millones de perfiles activos en Facebook y un caudal constante de datos entre los que cada usuario intercambia con otros correos electrónicos, mensajes instantáneos, encuestas, videos y fotos.
Entre tanta información figuran datos privados de los usuarios y aspectos propios de su vida íntima o, incluso, relativos a sus puestos de trabajo. En principio y aunque cada usuario puede determinar quiénes pueden tener acceso a esas parcelas de sus perfiles o estados, en el caso de Twitter, reconfigurando los servicios lo cierto es que por defecto, cualquier eslabón de la red de contactos de un "amigo" recibe notificaciones de las conversaciones en las que su contacto intervenga, independientemente de si está o no integrado en la red de quien inició la conversación o colgó la foto comentada.
Esta facilidad para contactar entre amigos de amigos era uno de los pilares fundamentales sobre los que se construyó la red social para poder ir ampliando poco a poco el mapa de relaciones de los usuarios. No obstante, y al alcanzar cotas tan significativas, el problema surge cuando desconocidos pueden acceder a información sensible, como una foto, con tan sólo teclear un nombre en un buscador de internet.
Los primeros en tomar cartas sobre las vulnerabilidades de las redes sociales más populares han sido las autoridades militares de Estados Unidos. Los últimos ataques y caídas del servicio registradas por la red Twitter -el último hace dos semanas- han hecho que los altos mandos del cuerpo de marines prohíban a sus soldados acceder al menos por un año a este tipo de redes sociales. El motivo: la seguridad y la facilidad con la que los usuarios pueden revelar sin darse cuenta información sensible a terceros que no conocen.
Pese a todo, las recomendaciones de los administradores de estas redes insisten siempre en repasar las configuraciones de privacidad de los perfiles.
Recomendaciones
Una de ellas pasa por deshabilitar la opción que introduce al usuario dentro de la base de datos de los buscadores de Internet y otra que, además, limita a la red de conocidos la posibilidad de visualizar y comentar sus fotografías o su información personal. En cualquier caso, y al igual que en la vida real, las redes sociales han aportado nuevo sentido al dicho que afirmaba que el mejor camino para que nadie sepa algo es simplemente no contarlo.