I.ROY VALENCIA
??Hace justo 40 años, y cuando España se preparada para afrontar la década que supuso el relanzamiento del capitalismo en pleno Franquismo, nació el germen que hoy en día es Internet. Tal día como ayer pero de 1969, el profesor Kleinrock de la Universidad de California mandó el primer mensaje a través de una red telefónica a otro ordenador situado en la universidad de Standford. El texto, compuesto por tres letras llegó incompleto pero llegó y eso fue suficiente para seguir investigando en la trasmisión remota de información y la interconexión de sistemas informáticos situados a distancia.
Pese a las aplicaciones prácticas de este avance, pocos podrían imaginar que Internet fuera a convertirse en el fenómeno que hoy en día es. La red y todas sus aplicaciones y herramientas -como el correo electrónico, el multimedia o las redes internas- forman parte del día a día de las empresas, los hogares y la educación de los países desarrollados. Pocos podrían imaginar que esa tecnología pudiera plantarle cara por ejemplo a la televisión, la radio o la prensa, ni menos aún obligar a las empresas de telefonía -en principio las más beneficiadas por su desarrollo- a cambiar el modelo de negocio.
El análisis de la expansión de Internet en España revela cómo en apenas 10 años, las conexiones de datos se han multiplicado desde las primeras que facturan al usuario por tiempo de conexión a través de módem hasta las actuales tarifas planas. El último informe del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio relativo a 2008 indica que más de la mitad de los hogares tiene acceso a internet y que la mayoría dispone de conexiones de banda ancha. Además, el número de internáuticas sigue sin estancarse. De hecho, el ritmo interanual llega a crecimientos de 9% ó 10% hasta el punto de que seis de cada 10 personas mayores de 15 años ya han accedido a internet, lo que supone 19,5 millones de usuarios.
Con estas cifras, no es de extrañar que las operadoras se hayan lanzado a una guerra sin cuartel para hacerse con su trozo del que parece ser el sector que, por el momento no para de crecer. En apenas 10 años, las empresas de telecomunicaciones han sacrificado sus modelos de facturación -en los que el cliente pagaba las llamadas en función del tiempo consumido- por otros en los que el cliente no paga por este servicio a cambio de la contratación de una tarifa plana que le permite acceder a internet. Las primeras fueron las operadoras de telefonía fija y hoy en día pocos se plantean tener que pagar por una llamada telefónica. De hecho, las nuevas condiciones del servicio priman la contratación de accesos a la red y a servicios añadidos como televisión a través de internet y relegan a aquellos clientes que sólo quieren tener un servicio telefónico.
Sin embargo, el crecimiento del sector, y en algunos aspectos la demanda de los clientes, está haciendo que aparezcan las ofertas combinadas entre telefonía fija y móvil. Las principales operadoras -que poseen infraestructura propia- se han propuesto ahora lograr la misma implantación de Internet desde las plataformas móviles, como teléfonos y ordenadores portátiles. El objetivo: lograr que internet esté presente en todos los espacios, tanto urbanos como rurales, desde el coche al metro o en la calle, en el trabajo, el domicilio o durante las vacaciones.
Tal como pasó con la telefonía fija, ahora en la móvil también se ofertan tarifas planas de datos para acceder a la red. Además, y dado que el cliente de móvil suele ser más volátil que el de fijo -es frecuente que el usuario cambie de operadora en cuanto expire el contrato de permanencia- las ofertas de servicios añadidos se multiplican. Hace una semana, Movistar anunció que está preparando un servicio de televisión a través del móvil gratuito para los clientes que ya tienen contratada una tarifa plana de datos en sus teléfonos.