ANDRÉS VALDÉS ALICANTE
"¡Corta! El micro se ha metido en plano...". El joven técnico que sujeta la jirafa enrojece. Todos saben que el micrófono pesa una barbaridad, pero también que la única misión del chico es sostener el palo justo por encima del encuadre de la cámara. No dice nada. Sospi, responsable de sonido, atrae hacía sí las miradas reprobatorias de las quince personas que hay detrás de la cámara. "De todas formas había un camión de fondo, no se oía nada".
Se escucha un taco. Rafael Carmona, ayudante de dirección, resopla y lanza un gesto a Jordi, segundo de dirección. Jordi se lleva a la boca el pequeño comunicador que cuelga de su auricular y provoca un sprint inmediato de David, meritorio de dirección y chico para todo, hacia la obra que está taladrando el sonido ambiente de la escena en la parte superior de la calle Trinitarios, en pleno barrio del Carmen de Valencia.
El rodaje ha comenzado con media hora de retraso y el segundo de dirección se está empezando a poner nervioso. El director, sin embargo, sonríe y asiente, un tanto ajeno. Como si, en realidad, su mente estuviera lejos de aquellas calles llenas de cables. La noche del 24 de agosto de 2007, el escritor y director de cine Vicente Molina Foix vertía tinta amarga sobre su diario: "Cuando veo alguna película que refleja el tema de la inmigración, siento más la frustración de ese proyecto cinematográfico, suspendido bruscamente en mayo del año pasado, que podría haber sido mi segunda película". Por fin, esta mañana, la del 24 de septiembre de 2009, su segunda película está siendo.
Perezoso, protestón, pero inexorable, el rodaje de las escenas de "El dios de madera" consigue desperezarse y arrancar. Los pequeños inconvenientes, los retrasos cotidianos y las "tragedias ridículas" del rodaje no consiguen turbar la paz de Molina Foix, que ve crecer, sentado en su silla de director, a la criatura que alumbraron sus sueños.
El dios de madera es la adaptación al cine del cuento del mismo nombre que el autor ilicitano escribió en 1996, una de sus pequeñas obras en prosa favoritas que, tras varios aplazamientos, está luchando por llevar a la gran pantalla. La consagrada Marisa Paredes, la alicantina Sonia Almarcha y el debutante en cine, pero reconocido en teatro y televisión, Nao Albet interpretan a una familia acomodada cuya rutina se ve sacudida por la aparición de dos jóvenes inmigrantes, encarnados por los actores noveles Mamady Docou y Soufiane Ouaarab. Los cinco son el plantel principal del drama de amor que Molina Foix ha querido plasmar en la ciudad de Valencia utilizando la problemática de la inmigración como telón de fondo.