02 de noviembre de 2016

El público del Reencuentro

El concierto homenaje a Operación Triunfo supera los 4 millones de espectadores, con un pico en el dueto entre Chenoa y Bisbal

02.11.2016 | 04:15
El público del Reencuentro

Si las cámaras se dieran la vuelta y enfocaran al individuo que observa desde el sofá, quizás ese espectador, como Dorian Grey, advirtiera de pronto que en estos quince años no solo ha encanecido el carisma de los triunfitos, su inocencia ha mutado en intereses comerciales y la química de su pareja protagonista ha trocado en un dueto pálido. Si las cámaras giraran de golpe el público percibiría que, mucho más que los protagonistas del OT: El reencuentro, lo que ha cambiado irremediablemente es el propio público.

Empezando por que el pelotón de entusiastas del programa es, en comparación con 2001, escuálido. 17.000 nostálgicos se compraron la entrada para ver el show en directo y otros cuatro millones „el seguimiento fue de 4.149.000 de media„ se aposentaron ante la pantalla. La cifra supone un extraordinario 27 % de cuota de pantalla, a un abismo, sin embargo, del tifón que supuso la primera edición. La final de aquel OT1 en 2002 fue seguida por casi 13 millones de televidentes, un 68 % de share. Pero hay un dato más ilustrativo de lo que supuso aquel fenómeno: el resumen del programa que emitió entonces La 2 aglutinó a 5.690.000 espectadores. A la 1 de la mañana de aquel 12 de febrero, casi tres millones de personas seguían ante la televisión para ver la despedida del concurso desde la academia. En el momento álgido del reencuentro, el Escondidos entre Chenoa y Bisbal, el programa rozó los 5 millones. La nostalgia no es más que un reflejo tenue de lo que fuimos. En estos quince años la TDT ha multiplicado la oferte y dividido la audiencia. Imposible parece hoy que un programa sume tantas lealtades como la de aquellos espectadores que estaban descubriendo términos como el reality show.

Pedirles cuentas a los concursantes podría generar también un ejercicio de introspección: ¿cómo somos ahora ante la televisión? La pérdida de espectadores ante el televisor se suple con la febril burbuja de las redes. El lunes fue trendig topic el concierto y también el supuesto rechazo espontáneo de Bisbal a Chenoa. Con la diferencia de que el espectador de ahora modifica el contenido: ayer, la propia web de RTVE mantenía un vídeo de unos segundos en el que se recuperaba la cobra de Bisbal. ¿Es posible imaginar al ente público haciéndose eco y recreando ese mismo instante hace quince años? Los silencios del público ante las demandas de coro de Juan Camus, los errores de Verónica... Cada traspié de uno de los protagonistas era compartido y actualizado cada poco segundos, adquiriendo un valor que en las galas de aquellos primeros 2000 quedaba diluido por el impacto del programa entero. Twitter ha ayudado a enterrar la ingenuidad con la que se atendía al formato, que ha revivido tal como fue, solo que en medio han evolucionado los talent show, curtiendo al espectador, hoy implacable ante descuidos en la producción no tan extraños en la emisión en directo de un macroconcierto como el del Palau Sant Jordi.

Sin el velo de la nostalgia queda desnudo un espectáculo que desembocó en la revitalización de Eurovisión. El certamen había ido perdiendo a generaciones de espectadores, que lo veían como un producto ultramontano, hasta que Operación Triunfo le otorgó una nueva vida. Desde que el concurso inició su cuesta abajo (en la segunda edición), Televisión Española ha explorado todas las fórmulas para mantener el pulso del festival, que transitó de los sucesivos triunfitos al Chikilicuatre, refugiándose en Twitter para paliar una decadencia iniciada en el momento álgido de 2002 por la actuación de Rosa: 14 millones de espectadores, 85 % de audiencia, lo más visto de la década.

Da la sensación de que Gestmusic, responsable de OT, ha conseguido en las últimas semanas extraer el jugo que le quedaba al formato que inventaron. La serie de reportajes se ha convertido en lo más visto del año sin contar los eventos deportivos, con una media superior al 20 %. Las polémicas que derivaron de los propios programas han alimentado las expectativas antes de un desenlace en el que, al final, el titular fue para una escena fugaz y ambigua, metáfora de cómo ha cambiado la televisión y el público desde el primer Operación Triunfo.

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