29 de diciembre de 2015
29.12.2015
Una segunda oportunidad

El renacer de Butelle

El guardameta destaca en el modesto equipo del Angers, la gran revelación del campeonato francés

29.12.2015 | 12:15
El renacer de Butelle

Ludovic Butelle ha vuelto a sentirse portero. Tras su paso por Mestalla, donde no llegó a triunfar pese a sus cualidades, y varios equipos en los que tampoco destacó, brillaba con el Angers, la revelación de Francia. Ahora ha fichado por el Brujas

Al igual que ocurre con el Leicester de Ranieri en Inglaterra, la gran revelación de la liga francesa, el Angers, también se cuenta en clave valencianista. En una pequeña ciudad de unos 150.000 habitantes, en el Valle del Loira, tierra de castillos, han cuajado por fin los cimientos de un portero al que en Valencia trataron de edificar desde el tejado, Ludovic Butelle.

El fútbol no es un deporte muy dado a dar segundas oportunidades. A veces algo extraordinario ocurre y alguien al que se le daba por retirado se cuela por las pocas rendijas que deja el «infrafútbol». Butelle, aquel portero francés llamado a relevar a Cañizares en el Valencia, ha fichado por el Brujas. Tras triunfar en el modesto Angers, ahora tiene el reto de hacer olvidar a Mat Ryan.

El cancerbero francés se agiganta cada vez que defiende la meta del Angers, que es tercero a solo un punto del Mónaco, y ocupa plaza de Liga de Campeones. Todo un hito para un recién ascendido a la Ligue 1. Y la figura de Butelle se agranda todavía más cuando se comprueba que su equipo es el tercero que menos goles marca de la liga, con solo 17 en 19 partidos. Sin duda, las claves del éxito están en la defensa y en sus actuaciones: solo 11 goles en contra. Todo esto le ha valido para que, a sus 32 años, el Brujas haya decidido ficharle. Es más, la prensa deportiva gala apuntaba que el todopoderoso París Saint Germain de los jeques cataríes se había planteado su contratación. ¿Quién se lo podía imaginar cuando en 2009, tras dos cesiones, salía de Paterna por la puerta de atrás?

En verano de 2004 llegaba a la ciudad del Turia un simpático guardameta, de aspecto intimidador pero carácter afable, dispuesto a convencer a la afición valencianista de que él iba a ser el heredero de una de las mejores duplas de porteros que ha tenido algún club en la historia del fútbol español: Santiago Cañizares y Andrés Palop. Procedía del Metz y era titular en las selecciones inferiores de Francia. Todavía en plena aclimatación, en el partido de presentación contra el Parma, un choque con Sorrentino le mandó al quirófano. Le extirparon el bazo. Muy pronto pudo comprobar que iba a tener numerosos obstáculos en el camino.

Con Quique Sánchez Flores al mando, se ganó el derecho a jugar los partidos de Copa y a tratar de aprovechar los resquicios que le dejaba Cañizares. Su cénit como jugador del Valencia llegó en febrero de 2007. Llegaba el Barcelona de Rijkaard y, sobre todo, Ronaldinho a Mestalla. Cañizares era baja por una gripe y Quique se decantó por el francés. La afición dudaba de un portero con tan poca experiencia, pero Butelle cumplió con creces. El Valencia ganó 2-1 y se mantuvo, por un tiempo más, en la lucha por la liga. Sin embargo, aquella actuación no fue suficiente. El futuro del galo ya estaba marcado. Carboni, director deportivo, ya había contratado a Hildebrand para hacer competencia al de Puertollano durante la temporada siguiente. Una cesión al Valladolid, convertida en depresión (16 goles encajados en 8 partidos), y otro período en el Lille fueron los últimos coletazos de la etapa de Butelle en el Valencia, al que, cuestiones del azar, se enfrentaría un año después en la Liga Europa.

Tampoco encontró la continuidad que necesita un portero en Lille. Prácticamente relegado a los banquillos en el fútbol de elite, Butelle dio un supuesto pequeño paso atrás. Había llegado el momento de jugar de verdad, aunque fuera en segunda división. Con esa intención llegó al Olympique de Nimes, donde si bien recuperó la sensación de ser portero, el equipo descendió a Championnat National, el equivalente francés a la Segunda B.

Su caché le permitió recalar en el Arles-Avignon, también en la categoría de plata, hasta que en 2014 firmó por el Angers, donde su vida deportiva dio el gran giro que le ha llevado hoy hasta estas páginas.

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