18 de abril de 2016
18.04.2016
El 45 aniversario de la Liga de 1971

"Di Stéfano nos unió como un equipo de barrio"

El Valencia conquistó el campeonato 70/71, el cuarto de su historia, gracias a la extraordinaria firmeza de su defensa. Abelardo, Jesús Martínez y Antón explican las claves de un equipo que solo encajó 19 goles en 30 partidos con el inconfundible liderazgo de Don Alfredo.

18.04.2016 | 01:07
"Di Stéfano nos unió como un equipo de barrio"

­Un dato, la sensacional firmeza defensiva, salta a la vista cuando se repasa la trayectoria del Valencia campeón de Liga en 1971, un bloque formado por jóvenes que hoy bordean los 70 años pero que guardan una nítida fotografía de aquellos días. El hito cumple hoy 45 años. El Valencia, un Valencia que bien podría parecer de transición, ya sin las referencias de Waldo y Guillot, banderas de los felices años europeos de los 60, asaltó el cielo sin mover los pies del suelo. Solo encajó 19 goles en 30 partidos y hasta un total de nueve victorias se sellaron con un ajustado 1-0. La idea de Levante-EMV era reunir a algunos de los pilares defensivos del equipo y que explicasen las razones de la resistencia defensiva del campeón. De forma espontánea, la charla con Jesús Martínez, también apodado El Cacique, por su autoridad en la zaga, con el bravo lateral izquierdo Antón y con el parapenaltis Abelardo, dirige casi todas las respuestas a la figura carismática de Alfredo Di Stéfano.

El técnico que hizo posible tal éxito desembarcó aquel año en Mestalla, con 44 años, sin currículo como entrenador pero con el mando de haber sido el mejor futbolista del mundo. «Di Stéfano no tenía experiencia como entrenador, pero sabía transmitir muy bien lo que quería, te sacaba más rendimiento del que realmente tenías. Si tuviera que establecer un porcentaje, si ganamos la Liga fue en un 70% gracias a él. Era un ganador nato», señala Antón.

Martínez pone como ejemplo su implicación personal en los entrenamientos: «Llegó con 44 años, pocos más que los que ahora tiene Valerón, pero con más fuerza. Era el mejor jugador si se ponía a entrenar con nosotros. El mejor central, el mejor centrocampista, el mejor delantero, daba igual dónde jugase. Nos enseñó a ser mejores futbolistas». La Saeta inculcó su ambición a un equipo que en septiembre no contaba en las quinielas para ser campeón: «Te tenía muy picante, solo con la mirada te intimidaba», recuerda Martínez. «A través de su temperamento hacía que no te durmieras nunca. A mí me impuso que no podía fallarle, por entrega y compromiso. A nivel de unión, de bloque, éramos un grupo de amigos. Di Stéfano nos unió con el orgullo de un club de barrio, más que el de un club profesionalizado».

«Alfredo te hablaba muy claro, era todo un lujo», describe Abelardo, que rescata la anécdota del 31 de octubre de 1970, en el Camp Nou, cuando osó desafiar la jerarquía indiscutida de Di Stéfano: «Recuerdo muy bien ese partido en Barcelona. Íbamos 0-0 y nos pitaron penalti en contra. Alfredo mandó a Ricardo De la Virgen (utillero) por la banda, para decirme por dónde lo iba a lanzar Martí Filosía. Me dijo que me tirase a la derecha, pero me entró la intuición de que lo chutaría por el otro lado. No hice caso a Di Stéfano y lo paré ¡Fue la leche!», reconoce el exportero asturiano. Por aquel entonces el fútbol no era todavía la ciencia exacta actual para atajar los disparos desde los once metros. «Hoy con tanta televisión puedes analizar con detalle cuál es la técnica de lanzamiento de cada jugador. En mi época era una cuestión de intuición, rapidez, reflejos, había algunas referencias pero tenías que jugártela». El Valencia ganó 0-2, en un triunfo que supuso el despegue definitivo del equipo en la primera vuelta. ¿Cómo se tomó Di Stéfano el gesto rebelde de Abelardo? «La verdad es que no sabía cómo iba a reaccionar el mister. Pero me cogió y me abrazó, parecía fuera de sí. Me dijo que cuando uno cree en una idea hay que defenderla hasta la muerte», señala Abelardo, sin disimular su orgullo y emoción.

«Mierda» era la señal
No todo era una cuestión de personalidad contagiosa de don Alfredo. Aquel Valencia tenía mucha pizarra, método y disciplina. «Éramos un equipo muy trabajado. Hasta en la pelota parada teníamos un lenguaje, un sencillo código, para comunicarnos y que los rivales no entendían „ «mierda» era una de las señales„. En el centro del campo había gente muy trabajadora, que recuperaba balones, y además con la clase de Claramunt», apunta Martínez. Desde el plano táctico, el Valencia fue un equipo innovador, adelantado a su tiempo. Martínez, que en aquel curso todavía no era el titular indiscutible que maduraría a lo largo de los 70, explica en qué consistieron los cambios: «En aquella época era habitual jugar con tres stoppers y un líbero por detrás, a unos 15 metros. Con Aníbal, paraguayo, Tatono o Barrachina, o si jugaba yo, nos disponíamos en línea y forzamos infinidad de fueras de juego al rival. Nadie nos cogía la vuelta». Con un centro del campo comandado por el gran Claramunt, en ataque el Valencia anticipó la invención del falso 9, negando a los defensas contrarios una marca fija: «Valdez, Sergio, Forment y Claramunt II no eran nueves posicionales. Eran delanteros pequeños, hábiles, rápidos, mareaban la marca. Si lograbas marcar era imposible perder», continúa Martínez.

El campeonato avanzó «muy igualado», como confiesa Antón, que jugó sin descanso todos los minutos del campeonato. «El Madrid se descolgó en la lucha final. Fuimos creciendo poco a poco hasta que nos dimos cuenta de que si dábamos un salto nos convertiríamos en campeones». Llegaron los momentos claves. El gol de Forment ante el Celta, que colocaba al Valencia líder. Y el soberbio tanto de Antón en Sabadell, que afianzaba las opciones de ser campeones. Fue el 4 de abril de 1971, en la Nova Creu Alta, en el minuto 89: «Iniciamos la jugada desde atrás, me apoyé en Paquito, que me devolvió la pared. Entonces no me lo pensé y la ataqué, con todas mis fuerzas. Pepe Martínez (meta valenciano del Sabadell) se quedó clavado. Entró por la escuadra. Aún hoy me lo recuerda cuando lo veo por la calle. «¡Y con la derecha, me lo metiste!», recuerda entre risas Antón, que no ha perdido su acento de Barbate.

Así, líder, el Valencia llegó con ventaja a la última jornada, con aquella derrota en Sarriá y aquella fotografía inmortalizada de Di Stéfano reclamando a los aficionados que le confirmasen que el Atlético-Barcelona seguía empatado y que la Liga, por primera vez desde los años 40, viajaría al Luis Casanova.

La charla va tocando a su fin. ¿Cómo se recuerda un campeonato conquistado hace 45 años? ¿Cómo anida en la memoria una Liga que, durante décadas, para varias generaciones de valencianistas, fue conocida como «la última Liga»? «Nos reunimos de vez en cuando en la pizzería que montó Sol», reconoce Abelardo. «Cada uno de nuestros encuentros es muy emocionante. Me pasó con el Valencia campeón y con los juveniles del Betis», afirma Antón. «Con los años te agarra la melancolía y valoras más aquella Liga que cuando éramos jóvenes. Ahora sientes la necesidad de reencontrarte con los compañeros de aquel equipo, charlar y no olvidarnos de aquella gesta», concluye nostálgico Jesús Martínez.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine