30 de mayo de 2016
30.05.2016

Aimar pasa del césped a las letras

Como jugador deleitó al mejor Valencia con toda clase de caños y gambetas que encandilaron a Mestalla. Una vez colgadas las botas, Pablo Aimar, de 36 años, se ha iniciado en la escritura colaborando en la obra coral «Pelota de papel», un relato en el que evoca el recuerdo mágico de un gol de su padre.

30.05.2016 | 04:15
Aimar pasa del césped a las letras

El Maracaná de la calle España

  • «Por favor, les ruego que recuerden este dato: Si, para pegarle de zurda, el rubio número 10 se apoyaba en la pierna derecha, se le salía la rodilla de lugar. No había otra posibilidad: la tenía lesionada y hacía años que jugaba así? El partido estaba 2 - 1 abajo. No se trataba de un partido cualquiera. Era una final entre los dos mejores equipos de la ciudad y había una multitud. A veces se dice por decir que en una cancha no entra ni una persona más. Esa vez, en cambio, constituía una verdad: no entraba ni una sola persona más. Aun hoy, cuando el calendario marca que pasaron cuarenta almanaques, es posible encontrarse con alguien que, sin dudar, como un honor, asegura que "ese día" acudió al estadio, a nuestro estadio, el de la Avenida España. Arsenal, el rival, tenía un equipazo. Los números lo verificaban. Venía ganando todo. Y, encima, desde el banco lo manejaba un DT que era un viejo bicho del fútbol local, uno que se sabía las mañas de todos, incluidas las de los árbitros. El otro equipo, el de verde, llegaba de punto. De punto y con problemas porque justo durante ese partido, durante ese partido que era "el partido", le habían expulsado a un jugador. Al protagonista de esta historia, algunos años después, le gustaría cantarles a sus hijos el tango "El sueño del pibe" quizás porque recordaba lo que aquella tarde le había sucedido...»

«Por favor, les ruego que recuerden este dato: Si, para pegarle de zurda, el rubio número 10 se apoyaba en la pierna derecha, se le salía la rodilla de lugar. No había otra posibilidad: la tenía lesionada y hacía años que jugaba así?». El inicio del relato «El Maracaná de la calle España» podría parecer digno de Eduardo Sacheri, Osvaldo Soriano o Roberto Fontanarrosa, los grandes escritores argentinos que alguna vez dedicaron piezas al fútbol, una de sus grandes pasiones. Su autor, sin embargo, es Pablo César Aimar. El exfutbolista del Valencia, de 36 años y retirado hace pocos meses de los terrenos de juego, ha debutado como narrador en el libro «Pelota de papel» (Planeta). Una iniciativa solidaria en la que 25 futbolistas albicelestes evocan sus recuerdos vinculados al balompié, y que ya lleva vendidos más de 10.000 ejemplares en Argentina.

Cuando Juanki Jurado, uno de los ideólogos del proyecto, trasladó la propuesta a Aimar, la respuesta de quien fue jugador del Valencia entre 2001 y 2006 fue escéptica: «¿Y no sería mejor que lo arreglásemos con un partido?», bromeó el Cai. No obstante, al igual que Mascherano, Valdano o Gustavo López, recogió el guante. El resultado fue un cuento «con una extrema sensibilidad. Su relato rezuma un profundo amor por el juego y por su familia», añade Jurado a Levante-EMV. «El Maracaná de la calle España» viaja a los años 70, al recuerdo idealizado de un derbi local de Córdoba, dirimido en un potrero y decantado con un gol final de Ricardo Aimar, padre de Pablo, tras rematar de «pata de catre», la denominación regional con la que se conoce el disparo de rabona. Una técnica que, alguna vez, el mismo Aimar utilizó como jugador, como en el derbi ante el Levante UD de 2005. El tanto de su padre adquirió relevancia mítica en la ciudad y se engrandeció con el paso de los años. Todo el mundo en Río Cuarto afirmaba haber estado aquella tarde en aquel partido y haber contemplado aquel acrobático gol de Ricardo Aimar. «Cuento lo que mi padre recuerda de ese gol, lo que la gente dice que recuerda de ese gol y lo que yo imagino que fue aquel gol», asegura en cada presentación Aimar, que acabó incluyendo en el relato el concepto «Maracaná» para dar cabida a toda la multitud que afirma haber presenciado el partido en la modesta cancha.

El cuento de Aimar entronca con la capacidad de fabulación argentina en la construcción de relatos orales relacionados con el fútbol. Una tradición con gusto por la hipérbole que ya ha aparecido en otras leyendas, como la del Trinche Carlovich, aquel jugador del que apenas existen imágenes, pero del que Maradona y Menotti dicen que fue «el mejor jugador en la historia del fútbol argentino».

Aimar y el resto de futbolistas, en activo o retirados, tuvieron un plazo de seis meses. Si bien Pablo nunca antes se había aventurado en la escritura „ «con las tres primeras líneas sentí que había escrito todo el cuento», señala„, acabó presentando dos manuscritos. Todos los participantes tuvieron absoluta libertad creativa y solo fueron «aconsejados gramaticalmente» por periodistas y escritores, como Eduardo Scher, autor del prólogo del «Maracaná de la calle España». «Es un cuento en el que Pablo Aimar no danza en la cancha como el maestro de baile que fue cuando se calzaba un 10 en la espalda sino que, en otra danza pero de palabras, recuerda la clave por la que el fútbol representa tanto, nos representa tanto, lo representa tanto. Es que el cuento avisa que el fútbol es lo que es porque nos permite ser con otros: con unos compañeros, con la gente de los pueblos que aún son pueblos, con los que nos regalan la memoria de lo que no vimos, con los que nos escuchan la memoria de lo que vivimos, con un amigo, con un hijo, con un papá», dice Scher.

En el césped, Aimar representó la chispa de fantasía en la perfecta maquinaria táctica del Valencia que conquistó dos ligas y una UEFA. En la actualidad, combate la nostalgia de la adrenalina de los días de partido con pachangas junto a amigos y su hermano Andrés. Alejado del fútbol, dedica más tiempo a la familia y disfruta en otras dosis del deporte, saliendo en bicicleta o jugando al tenis. Además, ha sido comentarista de la Liga de Campeones para el canal ESPN.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine