22 de agosto de 2016
22.08.2016
Liga
Valencia CF 24UD Las Palmas

 

Vergüenza en Mestalla

El Valencia paga una calamitosa actuación defensiva y sale goleado por Las Palmas en su estreno en Liga - El equipo de Ayestarán se muestra débil en las áreas y tampoco tiene carácter para remontar

23.08.2016 | 09:12

El Valencia se ha pasado todo el verano mareando la perdiz y ha sido incapaz de fichar a un central con un mínimo de garantías. Ni fair play ni gaitas: era la prioridad absoluta, pero no ha llegado un zaguero de entidad. Comenzó la Liga y el equipo de Ayestarán se defendió tan mal (o peor) que en la pasada campaña. El resultado fue la primera goleada encajada en su estadio ante un Las Palmas con capacidad para jugar y competir. Justo lo que no tiene el Valencia, un equipo tierno en todo. Y especialmente en las áreas, donde le falta contundencia para proteger a su portero y para herir al contrario. El club de Mestalla ha fichado un poco de todo, menos lo que más necesitaba: un defensa y un goleador para competir con Alcácer. Las buenas intenciones y las buenas maneras de Medrán y Parejo se quedan en nada.

La banda izquierda de la zaga valencianista fue un drama en la primera parte. Permitió que la UD las Palmas centrara a placer bien a través de su lateral derecho Macedo bien a través de su interior El Zhar. Y, claro, cuando dispones de dos centrales (Vezo y Abdennour) incapaces de defender su terreno con la cabeza, estás perdido. El primer centro de Macedo lo peinó al primer palo Livaja, adelantándose a Abdennour.

El segundo centro de El Zhar lo cabeceó Prince Boateng, ante la abstinencia de Vezo. Vía libre para todo aquel que quisiera meter un testarazo en el área local. El desolador panorama lo completó Cancelo, autor de un penalti inexistente pero al que condenaron sus inocentes aspavientos: excusatio non petita, acusatio manifesta antes de señalarlo Vicandi Garrido. La cara de Ayestarán era un poema. El técnico vasco no entendía nada. Y mandó calentar a Mustafi a la media hora.

Entra Mustafi por Vezo
La calamitosa actuación defensiva manchaba la ilusionante arrancada con un testarazo al primer palo de Santi Mina tras un centro de córner de Parejo. El equipo se había animado a ensanchar el campo y a entrar en oleadas sobre la meta de Javi Varas. Pero Las Palmas no es cualquier cosa. Su centro del campo (Roque Mesa, Vicente Gómez y Viera) es uno de los más técnicos de la Liga. Es un equipo armado. E hizo correr tras el balón a la medular valencianista, escondiendo el cuero entre las botas amarillas. La tensión se apoderaba de Mestalla hasta que Santi Mina recogió un rechazo en el área y volvió a apretar el marcador, calmando así la ira de la grada antes del descanso.
Ayestarán sacrificó a Vezo y le dio paso a Mustafi. Medrán comenzó la segunda parte con pases excelentes en profundidad, uno a Alcácer y otro a Santi Mina. El gallego rozó el triplete en un mano a mano desviado por Varas.El Valencia se abalanzó sobre la meta del portero sevillano. El maravilloso desmarque de Alcácer para romper el fuera de juego y templar un envío largo de Mustafi lo estropeó Cancelo. Alcácer le dejó en bandeja el balón al portugués para el disparo, pero este se la devolvió provocando el fuera de juego del valenciano y su idignación. La actuación del exterior luso irritó a muchos, no solo a sus compañeros.

Ayestarán recurrió a Rafa Mir demasiado tarde: los últimos cinco minutos. El chico salió tan acelerado que se metió en un lío con Abdennour en un intento de rebañar el balón con la cabeza a la salida de un córner. El cuero cayó en pies amarillos y el Valencia entró en pánico antes de que Livaja culminara la contra de Las Palmas. Ryan no paró un solo disparo en toda la noche. El pequeño Roque Mesa dio un recital de lo que debe ser un mediocentro: pausa, equilibrio y posesión de balón garantizada.

Bakkali entró para agitar
Bakkali había salido antes para tratar de agitar. Desbordó en un par de ocasiones y centró con efecto, pero no encontró rematador. El extremo belga estaba sin resuello al tercer esprint por la banda derecha. La múltiples internadas de Gayà por el otro extremo se entropearon por centros defectuosos. La ansiedad se iba apoderando de un equipo que se sabe blando en los dos cajones.

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