09 de septiembre de 2016
09.09.2016

"A Munir le daba 10 euros por cada gol"

Antonio Gabaldón, descubridor del nuevo delantero del Valencia, relata el sacrificado camino a la élite del atacante: «Le pagaba la ropa de entrenamiento, los gastos de teléfono, transporte y a veces la comida»

09.09.2016 | 04:15
Los familiares de Munir, en la sesión del miércoles.

«Si tienes ocasión de entrevistarle, por favor, pregúntale: ¿qué significa Antonio Gabaldón en tu vida? Seguro que dice que me quiere mucho». Antonio Gabaldón tiene 62 años y recuerda con orgullo que, mucho antes de descubrir a Munir El Haddadi «jugando con amigos suyos en un descampado en Galapagar», fue el mentor de Emilio Butragueño a finales de los años 70. Aunque la relación entre los dos se cortase bruscamente una vez que el nuevo delantero valencianista recaló en los juveniles del Barcelona, la trayectoria de Munir hasta la élite no se puede entender sin la contribución decisiva de este veterano agente de futbolistas, especializado en exportar talentos desde el norte de África a Francia.

En los partidos jugados en calles y plazas, en la que la pillería supera al entrenamiento académico, se inicia la historia de Munir. «Me quedé cautivado con su habilidad. A quien tiene talento se le ve incluso a esa edad. Me enteré de que jugaba en los infantiles del Galapagar. Volví a buscarle el año siguiente y ya no estaba allí, pero averigüé que se había ido al Santa Ana. Y ahí empezó nuestro camino juntos», detalla Gabaldón a Levante-EMV.

Una relación que fue mucho más allá de los meros consejos futbolísticos y que se adentró en el terreno personal. «No era un asesor, era casi un padre. Al principio lo único que le preocupaba era marcharse de Madrid, ir a jugar a otra ciudad. Se lo quité de la cabeza, le convencí de que debía acabar de formarse sin abandonar su entorno, al menos hasta juveniles. Y por eso nos fuimos al Rayo de Majadahonda, más cerca de Galapagar».

Hijo de un matrimonio marroquí que se estableció en Madrid unos pocos años antes de su nacimiento, Munir creció en un entorno familiar humilde. Su padre estaba empleado como cocinero en un bar de Torrelodones y su madre trabajaba limpiando pisos. Un esfuerzo que implicaba muchas horas que, inevitablemente, Munir no pasaba con sus progenitores y que le empujaron a tomar sus propias decisiones. Gabaldón aumentó así su influencia. Ante sí tenía a un proyecto fantástico de jugador al que había que pulir. «Me encargué de sufragarle personalmente el dinero para ropa de entrenamiento, gastos de teléfono, transporte e incluso a veces comida. Físicamente le veía un poco endeble y lo invitaba a comer pasta, le daba dinero para que pudiese tomarse coca-colas con los amigos y lo apunté a un gimnasio. Llegué a pagarle diez euros por cada gol que marcaba con el Rayo. Era la temporada 10-11. Metió 32 en 30 partidos», relata Gabaldón.

Munir comenzaba a despuntar en el campo del Cerro del Espino mientras, también, se enfrentaba a los retos propios de la adolescencia „ «hubo que marcarle el camino porque a los 15 empezó a ir con chicas, algunas amistades...»„. Las ofertas no tardaron en llegar. El Atlético le hizo un seguimiento y el Madrid se acercó sin mucho convencimiento, infravalorando su potencial: «Al Madrid lo único que le planteé era que el chico estuviese en su residencia, y no aceptaron. Nos ofrecían 200 euros al mes para cubrir gastos de transporte. El Madrid no paga residencia a los chicos de la región». El Barcelona lo tuvo siempre en cartera pero solo se decidió a contratarle cuando estaban muy avanzadas las negociaciones con Osasuna. De hecho, los catalanes abordaron su fichaje cuando leyeron un revelador mensaje en la cuenta de Twitter del quinceañero Munir: «Me voy a Osasuna».

La llegada al club barcelonista supuso un punto de inflexión. La culminación de un sueño, pero también la constatación de una despedida. Gabaldón recuerda con nitidez la jornada en la que se desplazó junto a la familia hacia Barcelona, «perdimos el AVE y casi no llegamos a tiempo a la reunión con el club». A partir de ese instante, el contacto, antes fraternal, con la familia El Haddadi «se fue diluyendo», reconoce Gabaldón con un punto de pesar.

La confirmación de su progresión en el Barcelona, con convocatoria express con la selección incluida, llegó a oídos de Florentino Pérez. ¿Cómo era posible que el Barça hubiese cazado a un talento como Munir, un chico nacido en El Escorial, en un caladero casi exclusivo de los merengues, como la comunidad de Madrid? El presidente madridista reclamó responsabilidades a todo su equipo de asesores deportivos, con Ramón Martínez al frente.

«En el campo se desata»
El Valencia supone para Munir «un reto muy exigente, ahora ya no va protegerse en la sombra de Messi». Gabaldón no duda de la capacidad de su antiguo cliente para triunfar en Mestalla: «Es un chico muy tímido, pero en el campo se desata». Sí se muestra muy contundente para descartar que sea un 9, pero está convencido de que se asociará bien con los compañeros de delantera, «especialmente con Santi Mina». «Es un chico que necesita explotar su velocidad, tener metros por delante para hacerse autopases. Partiendo desde la derecha recortando a pierna cambiada y buscando su disparo con la zurda. Ahí es imparable. A ver si bajo a Mestalla, se alegrará de verme».

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