17 de octubre de 2016
17.10.2016
Contracrónica

Cesare, flema y atención al más mínimo detalle

El técnico italiano, siempre paciente, supervisa y corrige minuciosamente cada gesto de su equipo en Gijón

17.10.2016 | 09:16
Cesare, flema y atención al más mínimo detalle

Cesare Prandelli apelaba en la previa del encuentro a la «scaramanzia», la palabra con la que los italianos designan a las supersticiones, con tal de cumplir el dicho de «a entrenador nuevo, victoria segura». Fue la única concesión del técnico valencianista a las creencias intangibles, ya que durante los 90 minutos ayer en El Molinón estuvo muy pendiente de que sus jugadores no perdiesen el orden y la armonía como bloque. Es su primer reto, su gran obsesión.

Únicamente en tres ocasiones, en los minutos 23, 36 y con el gol de Castro, Prandelli se sentó en el banquillo en la primera parte. El tiempo justo para dos sorbos de agua y de nuevo de pie en el área técnica, observando cómo se desenvolvía su Valencia. Sin aspavientos ni perder su pose flemática „no lo hizo ni con los goles a favor o en contra„, intervenía sobre todo para corregir posiciones, para incidir en la correcta ocupación de espacios. Estuvo muy encima de los jugadores con más tendencia a la anarquía táctica, como Mina y Cancelo.

El Valencia parecía responder con sobriedad a las «tres o cuatro ideas básicas» que reclama el técnico de Orzinuovi. El gol fue un ejemplo de cómo redescubrir el arte de lo sencillo. Balón desde el extremo, dejada y llegada desde segunda línea. Sin delanteros centros, la consigna de Prandelli de llegar con más jugadores cobraba sentido. El resto de indicaciones son reveladoras del estado de ansiedad de un equipo en crisis. Prandelli pedía tranquilidad para no precipitar la salida de balón y, con el gol de Castro, para animar a un grupo con la autoestima cogida en pinzas. Aplausos y arengas. «Testa alta, testa alta».

Con las imprecisiones propias de dos conjuntos lejos de su mejor versión, El Molinón aportó su buena dosis de presión ambiental. El viejo estadio presentó lleno pese a las cuatro derrotas seguidas.

Saludó la entrada del Sporting con un imponente bufandeo al son de un himno repleto de alusiones a la garra del fútbol del norte, el del barro, lluvia y la entrega no negociable „ «Sporting a la lucha, batalla sin cesar»„. La Mareona retronó con el gol del empate pero elevó sus decibelios con varias broncas al colegiado andaluz Munuera Montero. Especialmente sonora fue la de la última jugada de la primera parte. Con el tiempo cumplido se desató una tángana con Mario Suárez de por medio y la amarilla al local Cop desató una pitada extraordinaria.

Los primeros gestos de impaciencia asomaron en Prandelli en la segunda mitad. El Valencia acumulaba pérdidas y el partido, agitado, ganaba en desorden. Fue cuando decidió dar entrada a Bakkali, aleccionado en el banquillo por Gabriele Pin, mano derecha de Cesare. La megafonía todavía estaba anunciando la sustitución cuando Suárez, en todos los caldos, marcó el segundo. La celebración, sin euforias, fue aprovechada por los jugadores para beber agua y recibir más y más instrucciones. Solo con el pitido final, Prandelli se abrazaba a sus colaboradores y los valencianistas exteriorizaron una alegría que tenía mucho de alivio y con la que se alarga una llamativa tradición: el Valencia no pierde en Gijón desde 1977.

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