12 de abril de 2018
12.04.2018
Análisis

Roma enseña el camino al Valencia

La exhibición romanista muestra al equipo de Marcelino de qué manera poder derrotar al Barcelona - La agresiva presión adelantada redujo a la mitad los pases barcelonistas - La convicción de los jugadores más experimentados, otra de las claves

12.04.2018 | 09:44
Roma enseña el camino al Valencia

Todos los caminos llevan a Roma. Y no solo en la Tabula Peutingeriana, el itinerario con las redes de carreteras del Imperio Romano. También es aplicable al fútbol. La Roma ha enseñado al Valencia de que manera se puede anular y vencer de forma brillante por 3-0 al FC Barcelona, próximo rival de los blanquinegros, el sábado en el Camp Nou.

Será el cuarto enfrentamiento esta campaña entre los discípulos de Marcelino García Toral y Ernesto Valverde. Todos los precedentes se han cortado por un mismo patrón. Dominio azulgrana, pero con marcadores cortos y con la sensación de un Valencia con opciones, siempre vivo.

En Liga, el Barcelona empató en los últimos minutos, con un gol de Jordi Alba, el tanto inicial de Rodrigo. En Copa, los valencianistas aguantaron en la ida (1-0, Luis Suárez), y en la vuelta el tanto en la segunda mitad de Coutinho deshizo el cruce, sentenciado por Rakitic (0-2).

El Valencia se ha aproximado al objetivo, pero no lo suficiente. El paso más firme lo dio el martes pasado la Roma, en una exhibición con varias lecturas, condensadas en el juego directo y la agresividad en la presión, que sirvió para anular todas las virtudes del Barça.

El Barça redujo pases a la mitad
La estadística más llamativa del encuentro fue la escasez de circulación de balón que tuvo el FC Barcelona, un equipo que acostumbra a someter a sus rivales a un interminable monólogo de posesión. La presión adelantadísima de los romanos hizo que el Barça acabara el encuentro con solo 386 pases completados. La norma del conjunto barcelonista es la de superar los 600 pases o, como sucedió en el partido de ida de Copa frente al Valencia, elevar el juego de toque hasta los 751 pases.

Por primera vez en meses, el Barcelona no acababa por debajo de su rival en la posesión. La Roma acumuló el 54 %, frente al 46 % de los azulgranas. Un hecho atípico que no pasaba desde la pasada Supercopa contra el Real Madrid y que solo tiene otros ejemplos con el Rayo de Paco Jémez.

Sin capacidad para retener el balón, la aparición de jugadores desequilibrantes como Leo Messi fue mucho más esporádica. Una receta similar a la de la Roma fue empleada semanas atrás por el Sevilla, que llegó a adelantarse 2-0, antes del empate a dos final.

Juego directo y agresividad
Tanto Roma como Sevilla contaron con la ventaja ambiental de jugar en casa, circunstancia casi imposible de trasladar al Camp Nou. La disposición táctica de Eusebio Di Francesco en la Roma, con defensa de tres centrales y laterales avanzados, se diferencia del 4-4-2 inamovible para Marcelino, pero se asemejan en la primera presión con dos delanteros y la llegada por bandas.

La agresividad en la presión empezó desde la delantera. Dzeko y Schick ganaron casi todas las disputas y remates. El Barcelona, muy estático, tampoco supo jugar en largo a la espalda de los centrales y acabó el encuentro con solo cuatro disparos entre los tres palos.

El factor De Rossi
Para desafiar las innumerables virtudes del Barcelona se debe dar un paso al frente en carácter. La convicción extrema de futbolistas con jerarquía que se vio manifestada por Daniele De Rossi, romano y romanista, capitán del equipo, que contagió a todo el Olímpico.

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