En ocasiones se dan situaciones tales como las producidas con motivo de las excavaciones de las ruinas del Palau del Reial en Valencia; al aparecer, una posible contradicción entre trabajos arqueológicos y la permanencia de los árboles. Hoy mismo he visto las operaciones de su traslado, observando cómo algún pino ha sido talado. La contracción entre un bien, la ruina, y otro, el patrimonio arbóreo, debería resolverse compatibilizando ambos bienes, eso sería lo más correcto; sin embargo, la solución puede no ser tan fácil, o puede obviarse.
En los últimos tiempos estamos asistiendo a una moderada sensibilidad por nuestros restos arqueológicos; así, en el "cap i casal" han aparecido muchos restos y se están planteando formas de conservación, en contraste con un periodo anterior poco atento a nuestro pasado más antiguo. La ciudad ha crecido a base de construir y destruir. Sin entrar, pues, en cuestiones de oportunidad, el hecho de destinar una pequeña parte del fondo del plan del Gobierno central para que nos reconozcamos con las ruinas del palacio que simboliza lo que Fuster denominaría nuestra acta de nacimiento, lo considero positivo.
Por otro lado, los árboles que han ido creciendo en el solar que resultó del derribo del Palau del Reial pueden ser bienes a proteger también. Algunos van a ser sacrificados, unos pocos, según nos dicen, los menos valiosos, otros serán llevados a otro lugar. Desde la presidencia de nuestra institución consultiva, se han vertido opiniones críticas, pero no ha habido, tal y como yo mismo planteé, un informe colegiado, es decir, resultado de un estudio y de un acuerdo entre diferentes opiniones. Y que conste que lo dicho no implica dejar de valorar la intención de las iniciativas de don Santiago, a quien respeto sinceramente.
Con todo, hay un problema más amplio, que afecta a nuestro patrimonio arqueológico, el cual ha sido sacrificado en aras del negocio inmobiliario, de los parques eólicos -sobre los cuales el CVC no se ha pronunciado pese a tenerlo solicitado-, de las infraestructuras -caso del AVE en relación al acueducto de la Torre Lloris, sobre cuyo tema emitimos un documento muy claro- o el de las autovías, como pasó con la Vía Augusta en un tramo entre Borriol i la Pobla Tornesa, la cual fue destruida ante nuestros propios ojos.
Por otro lado, tenemos una ley de protección del patrimonio arbóreo, la cual pre-veía, entre otras muchas cosas, la creación de una comisión consultiva de evaluación y seguimiento de la protección y conservación del patrimonio arbóreo valenciano, órgano que sigue sin constituirse y, por lo tanto, sin actuar transcurridos tres años desde la publicación de ley en mayo de dos mil seis. No estaría mal exigir el cumplimiento de la previsión.
Como se puede observar, tal vez falte mesura, estudio, sin olvidarnos del tema de las voluntades.