M.ZARAGÜETA VALENCIA
Carmen Casas es una de las muchas vecinas que sufre cada día las obras que afectan al viejo barrio de Campanar. Una mujer que con mucho esfuerzo logró comprar un coche que le permite ir a trabajar a las afueras de la ciudad y al mismo tiempo cuidar en su casa de su padre.
Vive en uno de los puntos más caóticos de arreglos de carril bici, ensanchamiento de aceras y reasfaltado. Lamenta que desde que comenzaron los trabajos sobre la calzada no viene nadie a visitar a su padre, "los que vienen vuelven a irse porque no pueden aparcar y encima a los que se quedan les inflan a multas o les quita el coche la grúa". Entiende que el verano sea una buena época para resolver las deficiencias que sufre su zona residencial pero no puede aprobar que se decida "levantar una ciudad entera en estas fechas, porque aunque haya menos gente, a los que nos quedamos nos hacen la vida imposible". Cuenta que "cada día damos vueltas y vueltas para aparcar" y que esto sólo provoca indignación entre quienes viven allí. Desde la humildad, se pregunta qué hacer con el coche "después de lo que pagamos por él", ¿dónde meterlo?
Una cosa tiene clara y es que no está dispuesta a gastar los 10 euros que "me costó un parking el otro día por menos de 4 horas". Esta vecina como la inmensa mayoría de valencianos que se encuentran en su situación exige una solución por parte de la administración. Además recuerda que "los gobernantes tienen que hacer la vida agradable al ciudadano y no al revés".
Carmen tiene claro que Valencia es "muy bonita pero poco práctica para la vida diaria". En este sentido, no entiende que "la alcaldesa sólo se dedique a hacer jardines, pequeños jardincitos por todas partes cuyo espacio podría ser muy útil para otras carencias que sufre la gente en la calle". Este año las consecuencias están siendo mayores. A las obras que todos los veranos el ayuntamiento aprovecha para hacer se suman las facilitadas por el Plan de Inversiones de Zapatero.