Querer ser bombero es una aspiración de muchas personas y en especial de los niños pero alcanzar la profesión del padre y del abuelo es seguir una tradición además de tener una gran vocación. Esto es lo que ha conseguido Doménech Peiró, de 26 años, aunque ha trabajado durante cuatro años como electricista.
¿ Ha querido ser bombero por necesidad o por tradición?
Evidentemente por tradición, porque mi abuelo y mi padre también lo consiguieron. Ahora trabajaré con mi padre.
¿Y de los dos qué forma o estilo le ha gustado más?
Sin lugar a dudas, y no porque esté a mi lado, la de mi padre porque lo veo muy estricto y serio y en esta profesión hace falta mucho porque debemos responder adecuadamente para salvar vidas y ayudar a los demás.
Pero ha estado trabajando de electricista…
Sí, y me iba bien pero desde siempre quise ser bombero y me empeñé. Hasta me he tatuado la fecha de 1952 y una cruz con unas llamas. Es una fecha muy señalada porque entró mi abuelo.
Y ahora que va a hacer…
Pues trabajar donde me digan y procurar hacerlo lo mejor posible. Ser bombero es una gran responsabilidad pero también implica un alto grado de compañerismo entre todos los que estamos en los retenes o parques.