J. Gil
M. ZARAGÜETA VALENCIA
J. Gil tiene la caza como pasión. Comenzó desde niño a recoger y coleccionar las municiones de las escopetas y hoy es propietario de la colección de cartuchería deportiva más importante de España.
¿Cómo surge la colección?¿Tiene alguna vinculación con el mundo de la caza?
Sí soy cazador, pero no tiene nada que ver, conozco mucha gente que colecciona municiones y no lo son. Yo empecé de pequeñito, con 7 años, yendo por el monte y recogiendo cartuchos de la gente que iba a cazar. Me hacían gracia porque eran de colores, como el que empieza coleccionando sellos. Un amigo de mi padre me comentó que él también recogía y me junté con él. Este señor tenía una colección importante y me la dio toda a mí.
¿De cuándo data su cartucho más antiguo?
De 1870. Es el primer cartucho de cuando empezó la munición de fuego central. El adelanto fue muy grande porque hasta entonces se cargaba la pólvora por la boca de la escopeta y no había cartuchos. Empezó en Inglaterra. Hasta 1897 no llegaron las primeras fábricas de municiones a España. Encontrar munición nacional anterior a la Guerra Civil es muy complicado porque después de la guerra se destruyó todo. La gente tenía miedo y se deshacía de las municiones y las pistolas.
¿Qué tiene de especial el cartucho antiguo de caza?
Hay quien colecciona munición sólo metálica, otros de la Primera Guerra Mundial, yo de escopeta antigua. Lo nuevo no me interesa. Antes las municiones se hacían con cierto arte, eran de papel y artesanas. Lo interesante es que hay municiones que hace 60 años que desaparecieron y las tengo yo. Tengo una representación de la cartuchería deportiva europea impresionante. Por ejemplo, tengo tengo más de 2.000 cartuchos franceses diferentes. Es especial sólo por lo pictórico que tiene, la cantidad de colores y marcas y la gran variedad que hay.
¿Cómo consigue cartuchos?¿Internet le ha facilitado el desarrollo de su colección?
Internet ha sido todo. Yo pensaba que esto era una cosa que no interesaba y con Internet, hace unos doce años, contacté con un alemán y a partir de ahí con más coleccionistas y asociaciones del mundo. En España hay muy pocos que coleccionan lo mismo que yo pero en Europa, muchísima gente. Antiguamente en Valencia había armerías que ahora ya han cerrado y la gente iba a charlar, era como un club. Ahí pasaba muchas horas con mi padre, charlaba con mucha gente, me daban cartuchos viejos. Ahora todo esto ha desaparecido.
¿Tiene la colección de munición de escopeta más importante de España?
Sí, la tengo. De Europa no, probablemente cuando tenga 80 años pueda tenerla pero ahora no.
¿Es complicado salir y entrar del país cargado de cartuchos de escopeta y de pólvora?
Cuando vamos a las reuniones que todos los años hace algún país en Europa, la policía te da unos permisos para la importación y exportación de hasta 2.000 piezas. Yo el único problema que tengo es cuando paso la frontera porque aquí si te cogen con más pólvora de la que debes puedes tener un problema. Es más complicado porque hay terrorismo y las leyes se tienen que endurecer. En otros países de Europa saben que mucha gente colecciona estas cosas y como no existe este problema facilitan el tema.
¿Cuál es el precio más alto que ha pagado por un cartucho?
200 euros lo más caro pero hay muchos de 40 y 50 euros.
¿Y el de mayor valor en el mercado?
Lo máximo que he visto, sobre los 300 y 450 euros. Son calibres raros. En munición metálica sí que hay balas de 5.000 euros. Yo no me vuelvo loco por conseguir un calibre, lo que quiero es tener de las marcas que existen toda la gama que se fabricó.
¿A qué cantidad asciende un cartucho?
Alrededor de los tres euros. Los europeos son más caros sobre todo los alemanes y ingleses.
¿Y en función de qué se fija el precio de la munición de caza?
Se valora por nacionalidades, rareza y antigüedad.
¿Puede llegar a ser obsesiva esta afición?
Sí, para mí es parte de mi vida, me satisface mucho, me da momentos muy buenos, es un hobby, me permite ir a muchos sitios y moverme, tengo muchos amigos y contactos en todo el mundo: Europa, Argentina, Australia, América. Esto para mí es muy importante porque yo soy una persona muy cerrada y he roto prejuicios con esta actividad.
¿Requiere de unas medidas de seguridad especiales dicha colección?
Sí, lo que pasa es que son municiones que tienen por lo menos 40 años y no funcionan. Muchos están vacíos o disparados o son nuevos sin cargar. Si me dan un bote de pólvora lo llevo a la Guardia Civil y ellos la destruyen.
¿Cuánto calcula que puede costar su colección en la actualidad?
Más de 25.000 euros. Además, tengo los componentes, botes de pólvora, las latas antiguas pintadas a mano, los pistones, cajas.
¿Cuál es su pieza favorita?
Tengo un calibre muy grande que me trajeron de América, es de 1880. Disparabas a una laguna y podías matar a 50 o 60 pájaros, era como un cañón. Luego se prohibió porque era una carnicería lo que se hacía con eso.
¿Resultó difícil hacerse con ella?
Sí, la verdad es que he ido años detrás, hubo muchos calibres que se hicieron con una tirada muy pequeña y en seguida se dejaron de fabricar.
¿A nivel privado tendría interés en darla a conocer igual que otras colecciones privadas famosas, como la de los soldaditos de plomo?
Sí, pero en este país es complicado. Tiene que haber gente a quien le interese preservar estas cosas, aunque a mí los soldaditos de plomo no me llaman la atención en absoluto, pero si viera la colección seguro que fliparía.