A. SAPENA VALENCIA
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En 1870, María Gay Tibau comenzó a recorrer las calles de Girona para asistir a todos aquellos que necesitaban ayuda. 130 años después su obra se ha consolidado hasta convertirse en una red mundial de ayuda y solidaridad. La obra de esta mujer se plasma hoy en la creación de 130 comunidades y centros de asistencia de diferente índole para personas necesitadas de asistencia primaria en diferentes puntos de Europa, África y América Latina.
No tenía más afán que intentar solucionar los problemas de aquellos que sufrían. Fruto de esa labor solidaria nació en 1870 el que sería el primer Centro del Instituto de Religiosas de San José de Girona. Hoy, María Gay Tibau se encuentra en proceso de beatificación. La Comunitat Valenciana cuenta con un centro del Instituto de Religiosas de San José. Este mes se inaugura en Burjassot una residencia con capacidad para 115 personas, que gozarán de una asistencia integral y personalizada. Este centro no tiene ánimo de lucro y los beneficios que genere se destinan a la Obra Social del Instituto y busca la atención integral y personalizada a personas con necesidades sociales y sanitarias manteniéndose así el mismo espíritu con que fue creado en 1870.
Los beneficios obtenidos se destinan para ayudas a los centros de comunidades ubicadas en Venezuela, Colombia, México, Perú, Argentina, Rwanda, Congo, Camerún y Guinea Ecuatorial. Las comunidades promueven y se responsabilizan de elaborar proyectos de promoción de la salud, higiene y vivienda, formación y otras actividades de cooperación al desarrollo. Estas comunidades coordinan las distintas iniciativas de voluntariado: el programa de apadrinamientos y escolarización de niños en África y América Latina, los envíos de material sanitario y escolar y los envíos de ropa de niños del taller misionero, entre otras actividades.
Un centro para vivir como en la propia casa
El nuevo centro del Instituto se ubica en un edificio de arquitectura funcional y moderna humanizada con agradables jardines y con una red de servicios domésticos de manera que los residentes pueden sentir el lugar como propio: personalización de los dormitorios, cocina propia, servicio de lavandería y limpieza, zonas comunes con ánimo de fomentar las relaciones interpersonales. Que las personas sientan que el espacio les pertenece y que pueden compartirlo con sus familiares y visitas, y que forma una parte emocional de su vida cotidiana es una de las condiciones de la gestión de esta Orden. Para el correcto funcionamiento se cuenta con los equipos multidisciplinares correspondientes: Medicina (incluidos fisioterapeutas, psicólogos y nutricionistas), ocio (talleres de manualidades, gimnasia en grupoÉ) y asistencia espiritual.