HORTENSIA GARCÍA VALENCIA
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El ruido de martillos ha vuelto a las naves industriales de la Cros donde el Arzobispado de Valencia proyectó hace dos años su iglesia-santuario para los beatos mártires de Valencia. La falta de financiación ha obligado a rebajar las expectativas y a encoger el proyecto inicial en un 75%. Tal como informó este diario, el Arzobispado sólo rehabilitará y adaptará a las funciones de iglesia una cuarta parte del espacio de la nave de hormigón de la Cros que junto con las dos naves de madera vecinas forman parte de un conjunto industrial protegido. De la superficie total (3.300 m2) se van a acondicionar, de momento, 800 m2.
La remodelación de la Cros -cuya estructura ha tenido que ser reforzada- se ha retomado y los operarios trabajan en la reparación de las cubiertas y en el vaciado del recinto donde hace años se fabricaban productos químicos y que ahora está rodeado de montañas de material de escombro. También se han tabicado con ladrillo los vanos entre crujías de las fachadas.
Osoro hace suya la obra
El Arzobispado insiste en que lo anterior no supone una renuncia al gran santuario para 850 personas y con cubierta de "trencadís" blanco. "El proyecto original se mantiene, sólo que se hará en fases a medida que haya disponibilidad económica", señalaron fuentes del Arzobispado. De hecho el nuevo arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, que heredó la obra de Agustín García-Gasco, se interesó personalmente por su marcha y ha visitado las naves. Las obras se han podido reactivar gracias a los "recursos propios y las aportaciones de los fieles" de la Ciudad de las Ciencias, donde el futuro párroco de la iglesia de los Mártires ha hecho una colecta.
Durante el año largo que ha estado parado el proyecto, las naves han sufrido vandalismo - la estructura inacabada de la torre-campanario se ha cubierto de "grafitis"-. Al templo de los mártires, ubicado en el entorno de la exclusiva avenida de Francia, le han llovido las críticas. El PSPV denunció la agresión al patrimonio por la perforación de una de las crujías de las naves para hacer el campanario que ahora se queda en dique seco. También denunció el PSPV el deterioro por efecto del abandono, la lluvia y el moho de las cubiertas. La degradación también ha hecho mella en las vecinas naves de madera. El Ayuntamiento de Valencia -anterior propietario de las naves de hormigón- intenta ahora salvar una de las dos estructuras de mobila a través de un refuerzo metálico.