H. GARCÍA VALENCIA
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El presidente del Tribunal de las Aguas, Vicente Nácher, aseguró ayer, en la inauguración de una exposición sobre el Tribunal de las Aguas y el de los Hombres Buenos, que es "un gran honor" que la ganadora del premio Nobel de Economía, Elinor Ostrom, les haya dedicado parte de su investigación.
La politóloga y economista mantiene que la clave para conseguir un desarrollo equilibrado y sostenible no está en la macroeconomía sino en reorganizar las instituciones que rigen el comportamiento y las relaciones individuales en su actividad cotidiana ya sea en el interior de las empresas o en los gobiernos. Nacher no sabe si los banqueros y altos ejecutivos que han llevado a las economías mundiales al colapso deberían gobernarse por las reglas de la institución de origen medieval que él preside. "Nuestra ventaja es la fuerza moral y el prestigio que tenemos ante los agricultores". "Es muy difícil" que estos códigos "se implanten en la sociedad actual".
El tribunal que gobierna las acequias de Valencia y el Consejo de Hombres Buenos de la huerta de Murcia son dos instituciones de derecho consuetudinario milenarias, únicas y plenamente vigentes que acaban de ser reconocidas como Patrimonio Inmaterial por la Unesco. La exposición, organizada por los alumnos del máster de Gestión Cultural de la Fundación San Pablo CEU, supuso el estreno del Aula de Cultura de la Fundación Caja Murcia, ubicada en pleno centro de la ciudad. A la inauguración asistieron el vicepresidente, Juan Cotino, y la directora general de Patrimonio, Paz Olmos. La muestra explica el funcionamiento del Tribunal de las Aguas y de los Hombres Buenos a través de algunos de sus principales protagonistas y ofrece una retrospectiva histórica de la huerta. En esta exposición "conceptual" se detallan las características del sistema de riego de la huerta en Valencia y Murcia.
En cuanto al futuro más allá de los reconocimientos, Vicente Nácher aseguró que "vamos a seguir trabajando para hacer justicia y poner paz en la huerta". A su juicio, la institución de origen medieval no está amenazada por la destrucción de la huerta, aunque reconoce que ésta "va a menos porque los agricultores trabajamos por amor al arte", en alusión a la escasa rentabilidad del oficio.