JOSÉ PARRILLA VALENCIA
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El Ayuntamiento de Valencia ha iniciado el derribo de la casa abandonada desde hace décadas en la plaza Antonio Cortis, vivienda que está pegada literalmente a un edificio de viviendas y que había generado graves problemas de insalubridad e inseguridad a los vecinos.
Después de años de lucha, los residentes de varias viviendas de la calle Ribelles Comín directamente afectados por la situación de esta vivienda creyeron haber resuelto el problema cuando se iniciaron las obras de ampliación de las aceras dentro del Plan Zapatero. Sin embargo, los operarios pasaron sin tocar la edificación y los vecinos se vieron obligados a iniciar una protesta a la que el concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, respondió explicando que el retraso se debía a los permisos que había que obtener para retirar las uralitas de amianto; y asegurando que esos trámites se cerrarían "de inmediato".
Sólo unas semanas después, los vecinos han visto que esos pronósticos se cumplían. Trabajadores especializados iniciaron el viernes los trabajos de desmontaje de las cubiertas de amianto y todo parece indicar que a continuación se derribará el resto de la vivienda.
Alegría entre los vecinos
Los vecinos han expresado su alegría por estos trabajos y esperan que no aparezcan nuevos obstáculos, pues la zona no se regenerará mientras esta casa, que ha sido ocupada varias veces y que permite la entrada en los pisos cercanos, no desaparezca de la plaza. De hecho, las pancartas que estas semanas han colgado de los balcones seguían el viernes en su sitio.
La vivienda data del año 1880 y después de pasar por varios propietarios ha sido adquirida por el Ayuntamiento de Valencia. Su derribo después de 50 años de abandono y ruina abre la puerta para la urbanización del entorno, bastante degradado también pese a estar situado en las inmediaciones de la avenida Ausias March, en los alrededores de la Fuente de San Luis.