HORTENSIA GARCÍA VALENCIA
?
La reciente reurbanización de la plaza de Santa Úrsula, junto a las torres de Quart, a punto estuvo de acabar con el arbolado de este espacio urbano anexo a las torres de Quart. El proyecto inicial de la Conselleria de Infraestructuras planteaba eliminar el aparcamiento, conservar los árboles y poner bancos con objeto de ganar espacio de uso ciudadano en un centro histórico donde aún manda el coche. Los arquitectos tuvieron que bregar con el ayuntamiento, que quería una plaza exenta y libre de "obstáculos" para no tener problemas con la "plantà" de los monumentos falleros, para salvar los árboles y poner algún banco perimetral.
El de Santa Úrsula no es un caso aislado. La misma directriz de dejar diáfanas y con pavimentos ignífugos y resistentes las plazas se ha impuesto también en Lope de Vega -que incluso marca con un adoquinado distinto el perímetro de la falla-, el Pilar, Tossal, la Merced, Doctor Collado y la misma plaza del Ayuntamiento. La calidad urbana se pliega en todas ellas a la necesidad de disponer de espacios para dar cabida a monumentos y "mascletaes" cada vez más grandes durante seis de los 365 días al año. Así lo apunta el experto en rehabilitación de centros históricos Miguel Arraiz. Este arquitecto valenciano, que ha dirigido la reurbanización del eje Quart-Bolsería, asegura que en Valencia hay un número "excesivo" de plazas y espacios urbanos cuyo diseño y uso público se supedita a un elemento temporal como son los monumentos falleros. Esta fue una de las conclusiones del III Foro sobre Rehabilitación de Centros Históricos organizado por la asociación Archival en noviembre del año pasado. Las ponencias se han publicado ahora en un libro.
"Para garantizar un buen espacio público y una gran calidad ambiental no basta con un buen proyecto, es necesario que la Administración decida y priorice entre diversos aspectos como el tráfico rodado, arbolado, calidad ambiental y usos permitidos y prioritarios. El espacio público es de todos, pero no puede servir para todo", concluye el arquitecto. Miguel Arraiz, junto con Luis López Silgo y César Jiménez (gerente de la Oficina Riva) analizaron en dicho congreso la evolución de las intervenciones en Ciutat Vella y su ampliación a otros barrios como Russafa. Arraiz llamó la atención sobre la ausencia de un criterio único a la hora de pavimentar las calles del centro histórico.
La urbanización de la calle San Vicente intentó marcar un patrón que no ha tenido continuidad, lo que ha dejado desde diseños "excesivamente personalizados" hasta pavimentos "chabacanos", como el hormigón impreso. En otras intervenciones, añade Arraiz, como las de la plaza del Tossal y la Santa Cruz han prevalecido las modas y personalismos. En los últimos tiempos se han llevado a cabo actuaciones "más discretas y acordes" al entorno histórico como la de la plaza del Arzobispo y la del Doctor Collado. La anunciada intervención en la plaza de la Reina, que prevé repavimentar y ensanchar aceras, vuelve a ser una "oportunidad perdida" como la de la remodelación de la plaza del Ayuntamiento que se quedó en un "lavado de cara" para "salir del paso sin llegar a resolver un espacio tan emblemático y con tanto potencial", apunta Arraiz.