Cuando Pedro Calderón llegó desde Málaga para hacerse cargo de la Jefatura de la Policía Local de Valencia, a finales de los años 80, se vió sorprendido por un hecho que marcó su gestión: «En Valencia me he encontrado con que los semáforos no pintan nada, no constituyen una autoridad». Y se empeñó, de acuerdo con los responsables de Tráfico, en tratar de meter en cintura a miles de conductores que tienen por costumbre acelerar si ven un semáforo en ámbar, porque si frenan tienen que aguantar los aspavientos de fastidio del que circula detrás. Aquel descubrimiento llevó a la instauración de multas cuantiosas por saltarse semáforos en rojo y ampliaciones de carriles bus, algunos de ellos protegidos con un bordillo para que los turismos no lo invadieran. Retirar ese bordillo fue una de las primeras medidas de gobierno de la alcaldesa Rita Barberá, en 1991.
En materia de tráfico, los consensos básicos son cosa reciente. Cuando los socialistas querían peatonalizar calles del centro o crear carriles bici en la zona universitaria, los populares se oponían ferozmente. ¡Y qué decir de la recuperación del tranvía, hace ahora 15 años! Ese caballo de hierro iba a acabar atropellando a buena parte de la población de su recorrido, según denunciaba el concejal Martín Quirós para fastidio del promotor del retorno del tranvía, el entonces conseller Eugenio Burriel.
Nadie está a salvo de un accidente, pero las sociedades se acaban acostumbrando a lo nuevo. El tranvía ya no da miedo. Lo que sí impone cierta prevención es el aluvión ciclista que se viene encima. Hasta ahora, la bicicleta era el transporte de los universitarios y el ocio de la familia en fin de semana. Con la duplicación de la red de carril-bici de Valencia antes de fin de año, el ayuntamiento pretende convertir las dos ruedas en una opción real de transporte urbano. Son 128 kilómetros de vía. Todo el mundo desempolvará sus bicicletas, a las que habrá que sumar las miles de alquiler municipal y privado.
En la capital, los colectivos ciclistas reclaman seguridad al ayunyamiento, pero como decía Calderón además de seguridad hace falta disciplina viaria. Los conductores de turismos se saltan los semáforos, pero los ciclistas ocupan impunemente las aceras para evitar una dirección prohibida; pasear un fin de semana por el Jardín del Turia es un peligro, y los semáforos tampoco son una referencia para las dos ruedas: Nadie para, y menos si lleva calapies para no sacar los idem.
Habrá que acostumbrarse, per0 será difícil la convivencia tras la eclosión ciclista. La muerte del joven Samuel, de 22 años, en la rotonda de la avenida de Cataluña ha sido un duro golpe, pero ha obligado a todos a volver a revisar las medidas de seguridad que deben acompañar a los vehículos a pedal ahora que se multiplican.
Una de sostenibilidad. Una importante entidad financiera ha creado de un bosque de 7.000 pinos y encinas para compensar el CO2 emitido a la atmósfera durante las carreras de Fórmula 1 de Barcelona y Valencia. Como todos los árboles han sido plantados junto a Montmeló, cabe esperar que en 2010 toda la compensación de CO2 toque junto al Turia.