MOISÉS DOMÍNGUEZ
Por muy previsible que sea, la exaltación de la fallera mayor es un acto que impone y emociona a quien le va. Por eso, a Pilar Giménez Santamarina y su corte de honor les correspondió el turno de transitar por un pasillo en el que ya destilaron sus emociones 260 antecesoras mayores, las que han protagonizado este festejo desde que se trasladó al Palau. Pilar, Piti, ya lo hizo once años atrás. Las circunstancias ayer eran muy distintas. La damita infantil se ha convertido en un pedazo de mujer y ayer fue la protagonista absoluta, tal como mandan los papeles asignados.
¿De qué color será el traje? Se preguntan siempre los peineta-adictos, para los que sólo falta que haya apuestas on line. Este año, la protagonista eligió un azul zafiro, sabiamente combinado con tres metales en los telares de Rafael Catalá y materializado por Irene Caña. En la mano derecha, un anillo legado por su abuela. Nada más. Antes, la corte, con su sofoquina particular y sus sedas de Vives i Marí. Sabia decisión de Junta Central Fallera de alternar la autoría de las telas de mayores e infantiles entre las dos grandes sederías. El acto fue tan pulcro como casi siempre. Con una pequeña sesión de circo previa, dinámica y divertida, en la que igual jugaban con balones de colores que le arrancaban la cabeza a una pobre muchacha, previamente acuchillada. Escenografía austera, pero sin que se notara en exceso la crisis. La misma cantidad de canastillas, las mismas apreturas y los mismos calores, porque para la reina de todos no se escatima.
«Respira hondo, no tengas prisa y cómete el mundo. Que es tu noche y no la mía» le dijo la alcaldesa a Pilar segundos antes de salir. Piti respiró hondo, salió y fue feliz.
Y mientras el mantendor hablaba, la canastilla que había enviado el secretario general del PSPV, Jorge Alarte era retirada y no desfilaba. Aparentemente, por tratarse de un partido político. Se la vio desaparecer por un ascensor rumbo a un lugar desconocido.