R
ecientemente se celebró en Valencia el Día Mundial del Braille, al haberse cumplido los dos siglos del nacimiento, en la localidad francesa de Coupvray, de Louis Braille, inventor del alfabeto para invidentes y que dio nombre, con su apellido, al famoso sistema para la lectura de sus colegas. Pues el propio inventor había quedado ciego a los tres años.
Como hace unos días publicó Levante-EMV, en dicha conmemoración se distinguió a una serie de restaurantes de las provincias valencianas que han adoptado este sistema de lectura en relieve y por el tacto en sus menús, para así permitir el acceso de los ciegos a sus establecimientos.
También celebró la ONCE de Valencia una sesión en las Cortes regionales, donde se distribuyó un texto con el sistema braille para su lectura al tacto.
Ya hemos dicho que el año que acaba de terminar su cumplieron dos siglos del nacimiento de este creador, que falleció en París a los cuarenta y tres años de edad. Y es que cuando cumplió los tres perdió la vista y fue llevado a la capital francesa, donde ingresó en el "Institut pour les aveugles", donde concibió su creación que iba a revolucionar el mundo de estos necesitados de vista.
Se planteó que era necesario establecer un sistema de escritura al que se accediera por el tacto; y pronto lanzó su obra "Procedimiento para escribir para uso de los ciegos" lo que alcanzó muy pronto popularidad entre sus colegas invidentes.
Pero es que no tuvo bastante con ello; pese a morir con una edad corta -no llegó al medio siglo de vida- aún amplió su trabajo con un sistema de aritmética para ciegos; y lo aumentó aún más con su capacidad para crear también una fórmula que permitiera a los invidentes llegar a la música.
Este sistema musical para invidentes lo hemos comprobado personalmente viendo a Dolores Jiménez -conocida artísticamente como La Niña de la Puebla, o el artista en el teclado Tete Montoliu, o el saguntino Joaquín Rodrigo, a quien hemos visto con las yemas de los dedos de una mano tantear el pentagrama cuando interpretaba en el piano de su domicilio madrileño.
En las últimas semanas, una emisora de televisión ha presentado en sus tertulias al veterano y archiconocido Miguel Durán, quien fue presidente de la ONCE y que se desenvuelve perfectamente, tras su licenciatura en Derecho y su ejercicio de la abogacía.
Cuando se han cumplido los ochenta años de la fundación de la Organización Nacional de Ciegos de España -entidad que ya abarca incluso a otros desvalidos físicamente y que ha conseguido dar trabajo a personas que antes no tenían acceso a actividades laborales-, justo es recordar a la figura del hombre que supo crear para sus compañeros de limitaciones físicas un sistema con el que ahora pueden leer, estudiar, ejercer una profesión e incluso alcanzar altas cotas de fama y de popularidad en el mundo de la música y de otras actividades profesionales sin la merma de su visión.